María Antonia Fernández Felgueroso, hermana de la Alcaldesa de Gijón, ex Consejera de Cultura, parece que será nombrada Procuradora General del Principado, cometido propio de Defensora del Pueblo. Esta buena señora que velará desde su cargo por nuestros derechos ciudadanos lleva tiempo siendo concejala en la villa de Jovellanos por su valía y no por asuntos de endogamia política. Como Consejera de Cultura dejó el listón muy alto. Y es un lujo para Asturias que esté al frente de una institución por la que muchos venían clamando, sobre todo Izquierda Unida, que ahora no parece estar muy de acuerdo con tan meritocrático nombramiento.
Mercedes Fernández, nuestra Cherines, originó en su momento un gran revuelo, cuando se propuso que formase parte del Consejo Consultivo de las Asturias. Tras haber perdido electoralmente en todos sus intentos por la Alcaldía de Gijón, fue nombrada Delegada del Gobierno, indudablemente por su talla política. Tras la derrota electoral del PP en marzo de 2004, fue relevada de tan alta responsabilidad. Si mis datos no fallan, no tenía una plaza fija en la UNED donde impartía sus saberes. Y las gentes de su partido decidieron proponerla para un cargo institucional, eso sí, con trifulcas incluidas, entre las que figuró el descontento de Cascos, frente a quienes no apostaban por ella. En la Institución donde ahora presta sus servicios hay un antes y un después de su nombramiento. Porque es seguro que, aunque no haya trascendido nada en la prensa, muchas empresas privadas se peleaban por contratarla. Pero, nada, todo sea por su indudable vocación de servicio público.
Don Alberto Mortera, que en las últimas elecciones municipales se presentó en la lista del PSOE en Oviedo, tras la dimisión de Leopoldo Tolivar, entró en el Consistorio como edil. Fue nombrado por Gabino de Lorenzo “Defensor del Ciudadano” después de abandonar su partido, pero no el sillón del Ayuntamiento de nuestra heroica ciudad. Y, claro, este concejal que defiende los derechos de los vetustenses, tuvo una caída del caballo y se dio cuenta de que el bien de la ciudad exigía que abandonase las filas del PSOE y que se pusiese a las órdenes de Gabino. Desde que trabaja en las calles, viendo las necesidades de la ciudadanía, y desde que toma las decisiones pertinentes en el local que se le habilitó ad hoc, quienes habitan la heroica ciudad se sienten más felices y dichosos. Saben que están admirablemente defendidos.
Don José Ramón Herrero Merediz fue nombrado, si los datos no me fallan, Presidente del Consejo Social de la Universidad de Oviedo en 2004. Hubo maledicientes que recordaron la vieja relación entre el señor Areces y el veterano político que se remontaba a los tiempos del PCE y a aquel “contubernio de Perlora”, del que tantas reconversiones políticas salieron. ¿A que nuestra Alma Máter funciona mejor gracias a él, a que toda Asturias debe frotarse las manos de entusiasmo por una decisión tan acertada?
Y, como la cosa viene de muy lejos, es decir lo mal pensados que son muchos en asuntos políticos, recordemos aquel episodio en el que, tras los recursos pertinentes, la Cátedra Universitaria del señor Bocanegra se vio beneficiada por las ayudas a la excelencia investigadora. Ipso facto, hubo mentes calenturientas y retorcidas que hicieron mención a la relación entre Areces y Bocanegra. ¡Y nadie se paró a pensar en los méritos científicos del catedrático! ¡Qué mentes más perversas hay cuando se trata de interpretaciones sobre asuntos políticos!
¿De qué nos quejamos, si estamos en el mejor de los mundos posibles? No hay profesionales de la política, sino gentes sacrificadas y abnegadas en pro del bien común.
Esgrimamos el llamado discurso liberal en términos economicistas que es tan caro para las gentes del PP y del PSOE (¡Qué lapsus: iba a decir para sagastinos y canovistas, es decir, para las huestes de don Álvaro Mesía y del Marqués de Vegallana!). Lapsus aparte: ¿Se imaginan ustedes lo que mejoraría el sector privado si estas gentes que ocupan cargos públicos, gracias a la más ecuánime de las meritocracias que vivimos, gracias sobre todo a la sagacidad de don Vicente y a don Gabino a la hora de decidir nombramientos, pensasen sólo en sus intereses personales? Da vértigo imaginárselo. No lo neguemos.
En la Ínsula Barataria astur reina la más perfecta y mesurada ecuanimidad a la hora de decidir los nombramientos.
¡Viva la meritocracia!

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