Medio siglo de vida cumple el Comité Español de la Liga Europea de Cooperación Económica La es una entidad comunitaria con mucha historia. Fue la primera organización privada, nacida tras la guerra mundial, promotora del proyecto unitario de las democracias occidentales y que, a su vez, dio nacimiento al Movimiento Europeo. Los nombres de Churchill, Madariaga, De Rougemont, Van Zeeland, Spaak y otros grandes de la época van unidos al origen de la nueva Europa.

A pesar del forzado aislamiento, y tras diversos obstáculos, en Catalunya, bajo el manto protector de Miguel Mateu, se constituyó oficialmente el comité español del que sobreviven el barón de Albi y Arturo Suqué Puig. Procedían del Instituto de Estudios Europeos, fundado en 1951 por Prat Ballester, hijo del que fue ilustre pionero de la publicidad, Prat Gaballí. Unos datos, entre otros muchos, del europeísmo que cultivaba un núcleo muy activo de este país, sorteando todo género de prohibiciones. Lo explican, con detalle y rigor histórico, Roc Fages Ramió y Fernando López Mompó en el libro 1956-2006: De la autarquía a la Constitución europea,que han presentado Carlos Bru y Miguel A. Navarro, en presencia del comisario Joaquín Almunia.

Este fue uno de los actos del cincuentenario que estos días se han celebrado en Barcelona, y que proseguirán en Madrid, en la rentrée de octubre. Ceremonias conmemorativas que reflejan el vigor que sigue exhibiendo la hispánica. Si en las épocas restrictivas, el comité español supo utilizar ese valioso canal o euroconducto prácticamente único que enlazaba el europeísmo de aquí con Bruselas, en la actualidad, multiplica sus actividades.

Carles A. Gasòliba, que sucedió en la presidencia a Carlos Güell y a Lorenzo Gascón, comparte con Frederic Albiñana y Carlos de Montoliu, vicepresidentes, y Nicolás de Sala y demás compañeros de junta, una filosofía muy realista. Europa vive uno de los momentos decisivos de su accidentada, aunque progresiva construcción. Los defensores del proyecto unitario deben estar alertas. Un instrumento de la sociedad civil de la calidad y dimensión internacional como la sirve más que nunca para el seguimiento y asesoramiento de la función pública y política. Y de permanente comunicación con la ciudadanía de cuya falta adolecen con frecuencia las instituciones comunitarias.

Gasòliba es un personaje ideal para liderar esta fase crítica del devenir europeo. Pocos personajes reúnen sus conocimientos de los dossiers, condiciones, métodos y cualidades personales. Bruselas y Madrid cuentan a este prestigioso veterano y ex eurodiputado entre los más enterados del engranaje europeo y de su problemática dentro de la escena mundial. Su pertenencia a las esferas liberales le sitúan en el fiel de la balanza democrática, es decir, en la zona de equilibrios y consensos necesarios. En suma, un arquetipo del europeísmo serio y solvente.