No es verdad que los pueblos tengan los dirigentes que se merecen. Eso lo dicen siempre las gentes que desprecian a los pueblos y con ello tratan de justificarse por todas las vergüenzas que no son capaces de afrontar. De un tiempo a esta parte vivimos, al menos algunos, como personas demediadas, partidas en dos, como aquel personaje que se invento Italo Calvino. Yo, de un tiempo a esta parte, leo los periódicos y me siento extranjero. Es esa sensación que te ocurre en Lyon o en Turín o en Alcázar de San Juan, mientras tomas un café y ojeas la prensa local; que todo lo que ahí aparece no tiene nada que ver contigo. Que eres un turista, un paseante; un extranjero, en definitiva. Ysin embargo voy a comprar, charlo con los amigos, soporto la escasa vida social que juzgo pertinente, de vez en cuando incluso converso con un albañil (aquí, paleta), o con la asistenta (aquí, mujer de hacer faenas), o con el dueño de los ultramarinos (aquí, colmado) y me detengo con especial delectación primaveral en los puestos fruteros del mercado (aquí, paradas) y no encuentro a nadie que no exhiba su indignación. La gente está literalmente en estado de cabreo permanente, pero a diosgracias luego leo los diarios y me doy cuenta que era una falsa impresión, y que me conmuevo demasiado por los dimes y diretes del personal. Todo va bien, y lo que no va bien está mejorando.
Les doy pruebas. Estaba el común inquieto por eso de los llamados robos silenciosos, cosa que me gustaría saber por qué se llaman así; si es por el silencio de los corderos, o porque después de los gritos, golpes, palizas que te dan, te quedas rumiando en silencio durante días. Estaba pues inquieto, cuando gracias a que soy un pertinaz lector de diarios, pude recoger varias historias que me tranquilizaron. Primera, la fulminante detención de cuatro o cinco pringaos rumanos, auténticos guerrilleros - según narración apasionada de los audaces reporteros-, que vivían en el monte, por más que la zona donde se instalaban estos émulos del foco guevarista no era la alta sierra sino los matojos vecinos a una autopista, desde donde perpetraron "cien" atracos y asaltos domésticos. Cien, ni más ni menos, que lo dijo la Guardia Civil, que los numeró de uno en uno. Gracias a la detención de estos quinquis rumanos la población puede estar tranquila. Y además, por si fuera poco, me explicaban en un lenguaje muy clarito, en otra información memorable, que la culpa de tanta jerigonza del asalto silencioso y madrugador era de todos aquellos que se creyeron lo de la vida en el campo, y la tranquilidad rural, porque eso ha dado alas a los delincuentes y se lo ha puesto más fácil.
Es decir, que además de estar hipotecado por tres generaciones, eres un gilipollas que incita al delito por separarte de las grandes urbes. Ítem más, la consejera Tura, de Governació, que es un lince, o una lince, que no sé muy bien cómo se dice lo de los géneros en los animales listos, afirma con tono inequívoco que hay que gastarse más dinero en protección, y que quien tenga casa, y buena, "que se la guarde, que se la guarde", como dice la canción.
La sugerencia está muy bien pensada porque si tenemos en cuenta que cualquier alto cargo, la consejera misma, sin ir más lejos, tiene una protección suplementaria debida a su cargo y no sólo no se la paga si no que se la pagamos nosotros, la idea por tanto de que nuestra protección, a secas, sin reforzar, corra de nuestra cuenta favorece mucho lo que ahora se llama el flujo económico,aumentando los puestos de trabajo. El oficio de segurata es el que tiene más futuro de cuantas nuevas profesiones conozco, y aún me sorprende que esas universidades modernas, tan al quite de lo novedoso, no hayan creado un máster para dar paso a los ingenieros de seguridad.
Aunque mi tranquilidad espiritual tras la lectura de los diarios habría quedado resuelta con la fulminante y demoledora detención de los cinco pringaos rumanos, auténticos profesionales de la delincuencia sofisticada, puesto que robaban hasta las motosierras para revenderlas en los encantes de Bucarest, sumado a la conciencia del gran error estratégico de vivir holgadamente en el campo ¡ingenuos, que sois unos ingenuos!, y luego la teórica sobre las inversiones necesarias para constituirse en defensa activa de uno mismo, en el camino hacia la institucionalización de la Asociación del Rifle, - ¿qué es más coherente y más barato, la propuesta de Charlton Heston (defiéndete a tiro limpio) o las de la consejera de Governació (págate una empresa de seguratas)?
Con esto ya tenía suficiente para saber a qué atenerme, y entonces llegó el president Maragall y me tiró literalmente de culo, con una evocación del comparativo pujoliano: "hay más asaltos en la Costa del Sol". A mí los argumentos estadísticos me encandilan. Por ejemplo, si en la última Semana Santa han muerto en las carreteras españolas cien personas, pongamos por caso, inmediatamente se añade, que son un cuatro por ciento menos que el año pasado. ¿Cabe imaginarse mayor consuelo para la sociedad que el saber que los parientes directos fallecidos en la carretera han supuesto una variación estadística?
Por una razón inconfesa pensamos que la ciudadanía debe tener sentido del humor, y la verdad es que la gente, el común, bastante tiene con sobrevivir a la vorágine, para además echarle gracia a la cosa. Por más esfuerzos que hago para tomarme en serio al president Maragall no lo consigo. A mí me parece como aquel inefable Eugenio, el de los chistes de "Saben aquel que diu...", pero en institucional y sin POR UNA RAZÓN inconfesa pensamos que la ciudadanía debe tener sentido del humor, y la verdad es que bastante tiene con sobrevivir ninguna gracia. Los historiadores del futuro, si es que el futuro exigirá tal peculiaridad literaria, se esforzarán por explicar cómo fue posible que un hombre que representaba la ruptura con el pasado pujoliano - aquel oasis con poca agua y muchos dátiles para sus camellos- devino en un pispás un fantasma de la ópera de los hermanos Marx.
Desde la formación del tripartito hasta su liquidación en artículo mortis, se suceden una retahíla de frivolidades, desafueros, chulerías, incluso surrealismo; en Catalunya el surrealismo siempre había pertenecido al arte, y con éxito, recordemos a Dalí y a Brossa, pero en la política lo introduce el president Maragall. El tripartito y el president Maragall, en casi tres años han liquidado cualquier posibilidad de izquierda en Catalunya por mucho tiempo. Porque si hasta hace muy poco había la asignatura pendiente de explicar cómo el PSUC, el partido por excelencia de la historia de Catalunya durante los años del cólera, se hizo el haraquiri, ahora estamos ante otra incógnita: cómo fue posible que un líder, Pasqual Maragall, que aglutinó todo aquello que para mucha gente significaba una visión diferente de Catalunya y del modo de hacer política, se convirtiera en una parodia del pujolismo.
Hasta llegar a Maragall y a Carod Rovira la política en Catalunya siempre había sido una cosa seria, porque no se juega con las cosas de comer. Pues ya ven, cómo eso se puede ir al traste. No es posible explicar a la gente, con naturalidad, a qué punto se ha llegado sin que este artículo roce lo absolutamente incorrecto. Sufrimos de una clase política que ha conseguido exacerbar todos los elementos que constituían la experiencia inveterada de este país. Nadie había pensado que los bomberos fueran pirómanos, pero así ha resultado. Y ahora que la pradera está que no hay quien pare, el idiota de la familia nos emplaza para el futuro y asegura en su lenguaje de pijeras desmañado que el futuro demostrará su clarividencia.
Seamos claritos porque no queda mucho tiempo y no quiero volver sobre este asunto. A tres novatos en política se les da la oportunidad de su vida, porque la vida como máximo ofrece una, y derrochan desde el primer día el patrimonio esperanzado que se les ofrece. Miro hacia atrás y no encuentro ni un sólo rasgo en los forjadores del tripartito que me inspire algo que tenga que ver con la política: la incompetencia, soberbia y un alto sentido de la irresponsabilidad, en beneficio propio. Faltos de todo lo que tuviera que ver con la gente que les ofreció su confianza, se lanzan a peleas de adolescentes que han deteriorado la vida política y las relaciones entre los diferentes pueblos de España de una manera irreversible. Allí donde todo el mundo entendía que debía ser reformado el sistema de financiación de Catalunya se convierte en asunto de Estado... porque somos la hostia, dependen de nosotros y se van a enterar. Y entonces sucede algo inédito en la historia política española y posiblemente una aportación a la teoría política del mundo mundial. Atascados en un pleito intestino y frívolo, el presidente del Gobierno central pacta con la oposición al Gobierno autonómico la negociación del Estatut promovido por el Gobierno autonómico ¿Pueden imaginarse algo más surrealista? Y mientras, el genio de las aguas y sus palmeros - ¡si pudiera escribir de los palmeros del President, qué artículo divertido haría, lo prometo!- se mantienen incólumes. El PSC forjado en los campus universitarios de Santa Coloma y Cornellà ha diseñado un eslogan de campaña que presentó en sociedad el eminente político Pepe Zaragoza: "Con el Sí, gana Cataluña. El No, lo utilizará el PP contra Cataluña". He empezado a sospechar si aquel famoso "3 por ciento" maragalliano no será la subvención que entre todos le dan al PP para que sirva de referente estratégico de su política.
Yo no estoy dispuesto a avalar a una clase política incompetente, corrupta y desvergonzada que echa sobre nuestras espaldas una carga que va en su sueldo. El 18 de junio me quedo en casa, porque si votara sí,apoyaría a todo aquello que detesto en política: los idiotas de familia, los palmeros del poder, la inveterada costumbre de votar contra - "porque no gane el PP"-, y dar un respiro a quienes nos han estado chuleando. Ysi votara no,sería como la consumación de una de las paradojas de la política catalana y que no nos atrevemos a desvelar: el no de Esquerra y el no del Partido Popular, vienen de familia, no tienen otro sentido que complementarse y podrían formar un partido transversal, algo así como la Liga Norte italiana con toques berlusconianos. Hace muchos años Vargas Llosa, cuando era un novelista, escribía en sus Conversaciones en la catedral una pregunta: "Zavalita, ¿cuándo se jodió el Perú?". Nuestra pregunta, ahora que desde hace años dejamos de tener escritores para gozar de una amplia colección de palmeros, sería "¿Coleguita, cuándo nos quedamos sin oposición?".

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