Ya no hay espacio para la ingenuidad. Nadie que se precie de haber prestado un mínimo de atención al transcurrir de la vida política tiene derecho a asombrarse. Tampoco cabe escandalizarse. Otra cosa es indignarse según la posición ideológica de quienes adopten alguna actitud refractaria. De momento, hasta Felipe González ha mostrado algún grado de disconformidad con lo que prácticamente es un dato inconmovible: va a existir diálogo gubernamental con ETA ya sin máscaras ni disimulos, y de manera oficial anuncia el PSE —Partido Socialista de Euskadi— que además se reunirá oficialmente con Batasuna. Esto último será todavía más grave si se considera que se deroga prácticamente la Ley de Partidos. Ángel Acebes, el secretario general del PP, lo ha dicho como si se tratara de un descubrimiento. En realidad, en la constatación de esta evidencia se le había adelantado su homólogo del PSE. Sólo que Patxi López lo dijo con recochineo. Éstas han sido sus palabras, simultáneas a la intervención de Zapatero en el debate de la nación para avalar la negociación con ETA: “Hay una Ley de Partidos que seguirá existiendo, pero entramos en un proceso de desaparición del terrorismo en el que las condiciones son evidentemente diferentes”. Patxi López se refiere al cambio de escenario, por no decir el decorado, que existía. Las condiciones políticas son ya otras. De ahí que el líder del PSE, cuando los principales dirigentes de Batasuna, con Arnaldo Otegi al frente, han vuelto a pasar por la Audiencia Nacional, haya puntualizado: “Los jueces debieran actuar a la luz de la nueva situación del país”.
Verdaderamente no hay nada nuevo. Los contactos del PSE con Batasuna —también con ETA— venían existiendo. Ahora simplemente se anuncia que tendrán carácter oficial. Con el visto bueno de ZP. Ése, de oficio. Y tales contactos, convertidos formalmente en negociaciones con la izquierda abertzale, tendrán, según el tal López, otra cualidad añadida: serán “incluyentes”.
Generosos que son: van a procurar que no haya situaciones excluyentes. Todos en el saco. Todos los partidos vascos, todos a ser posible, tendrán sitio a la mesa, el gran ágape de la pacificación, en una especie de complicidad a la que ninguna formación política que se sienta, o se diga española, se atreverá a acceder. Dejar solo al Partido Socialista, con “E” o sin ella, es aceptar que allá él con sus responsabilidades o sus consecuencias, sean las que sean. Pero, dadas las circunstancias, y vistas las tragaderas de Rajoy en el debate de la nación, sería una temeridad hacer pronóstico sobre la definitiva composición de la mesa, esa mesa teatral que pretende acabar con lo que los independentistas vascos llaman “el conflicto”.
Así pues, la Ley de Partidos ha dejado de existir de facto. Pero como una derogación por “decreto” es una auténtica herejía que va contra el principio de jerarquía normativa, Patxi López no se ha atrevido a declararla inexistente como tal Ley. Ahora bien, el señor López tiene buenos auxiliadores. El diario Gara, órgano oficioso (y algo más) de ETA, aparte de altavoz de Batasuna, opina que para que la famosa mesa consiga una cierta solidez se necesita “como mínimo una legalización de facto de Batasuna, interlocutor necesario”. Pues ya la tienen legalizada a costa de la muerte de la Ley de Partidos.
En esta cadena de audacias y osadías, que en el fondo es desprecio de la legalidad, los jueces —según palabras ya citadas de Patxi López— deben actuar “a la luz de la nueva situación”. Y como todo ofrece su matiz revelador, lo que López subraya es “la nueva situación del país”. Del país, que no es para él España, sino el escenario que se ha configurado en Euskadi, el país que cuenta, el País Vasco. Ya lo saben los jueces: o pasan por el aro o se les hace pasar. Al tiempo. Dicho queda. Y sobre todo lo dicen los propios abertzales batasunos en letras impresas. A propósito de este aviso de Patxi López, Gara recordó en su editorial de ayer: “Las palabras del líder del PSE llegaron justamente en vísperas de la comparecencia, una vez más, de ocho dirigentes de la izquierda aberzale ante la Audiencia Nacional”. Y agregaba: “Es (...) necesario que el PSE, al igual que el PSN (Navarra, no se olvide), comience a actuar como un partido de Euskal Herria —ya no se limitan a decir Euskadi—, no como una mera correa de transmisión de la Moncloa o del PSOE”. (Las palabras de Patxi llegaron justamente.)
Más claro, agua.

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