En toda resolución de un conflicto de largo alcance, cinco asuntos resultan fundamentales: el cese de la violencia, la administración de los tiempos, el reconocimiento de las partes en conflicto, el sentido de Estado y el resarcimiento de las víctimas. ETA hace tres años que no mata y más de dos meses que hizo público el comunicado en el que anunciaba el alto el fuego permanente. Es, pues, el momento de dar los pasos siguientes.

Y es lo que han hecho el presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero, que tras comprobar que ETA ha cesado en su actividad, ha mostrado su voluntad de iniciar conversaciones con la organización, y el secretario general de los socialistas vascos, Patxi López, que ha manifestado que establecerá conversaciones oficiales con Batasuna cara a preparar el diálogo político que ponga fin al conflicto. Conversaciones para decidir sobre la situación y el futuro de los presos, diálogo para encontrar un consenso sobre el futuro político de Euskadi. Pero un diálogo que no tendría sentido si una parte de la sociedad vasca no estuviera representada, de ahí que el paso siguiente tenga que ser el retorno a la legalidad de Batasuna.

Como advirtió ayer Zapatero, el fin de la violencia "llevará tiempo", pero ello no impedirá que "empiece el diálogo". Pretender, como desean el PP y su entorno, que las conversaciones no se inicien hasta que ETA entregue las armas, es rechazar la oportunidad de la paz. Es no tener sentido de Estado y desaprovechar la mejor ocasión para acabar con la principal asignatura pendiente de la transición: la violencia de ETA.

DESDE FINALES de diciembre, la decisión de ETA estaba tomada. La voluntad de la sociedad vasca de poner fin a la violencia y la evolución política de la izquierda aberzale fueron determinantes para que ETA anunciara un alto el fuego permanente el pasado marzo. Sin embargo, algunas actitudes judiciales y del propio Gobierno, que parecía plegarse a las presiones del PP, sembraron una sombra de duda sobre la viabilidad del proceso. La sociedad vasca seguía con preocupación y cierta angustia los acontecimientos, porque la negativa experiencia de la tregua de 1998 pesaba como una losa. El paso dado por Zapatero y Patxi López es arriesgado, pero necesario e imprescindible para no agotar los tiempos del proceso.

El PP y su entorno siguen, asimismo, poniendo tantos palos a las ruedas como pueden. Pero es hora de asumir el reto con responsabilidad y sentido de Estado. Basta ya de erigirse en portavoces de las víctimas y hacer de ello un uso partidista. Nadie puede hablar por las víctimas, que son las que han sufrido de forma dramática la estrategia asesina de ETA a lo largo de estos años. Nadie puede hablar en su nombre. En todo caso, lo mejor que puede hacerse es no desaprovechar el proceso que se abre para evitar las víctimas de mañana. No pueden cometerse los errores de ayer, como denunciaban, a raíz de la tregua de 1998, Miguel Herrero de Miñón y Ernest Lluch (asesinado por ETA el 21 de noviembre del 2000), que no fue "aprovechada debidamente hasta la interrupción brutal y criminal por parte de ETA".

Y añadían además que "el derecho, utilizado con intención política como instrumento de paz, como es su principal función, podría y debería rendir más. Una nueva política penitenciaria que acercara efectivamente la totalidad de los presos simplemente aplicando el espíritu del artículo 12 de la ley general penitenciaria y cumpliendo dos resoluciones del Congreso de Diputados, no es pagar un precio político por la paz, es hacer política en pro de la paz. Una política que será más eficaz cuanto más audaz y rápida sea y que, a la inversa, puede debilitarse si, después de adoptar esta línea de acción, se aplica de forma tan prudente que resulte avara. Una medida positiva no tiene que envolverse en retórica negativa".

Afortunadamente, Zapatero parece haber escuchado los consejos de Herrero de Miñón y Lluch y ha asumido el reto de hacer posible la paz, sin violentar el marco constitucional y estatutario. Un reto en el que contará con todos aquellos que creen que la política es algo más que ganar las próximas elecciones. En este caso, la política pasa por ganar la paz y garantizar el futuro de Euskadi, sin exclusiones, pero también sin víctimas futuras.

ES PRECISO administrar los tiempos y no dejar pudrir el proceso. Es hora de ir todos a una y conquistar la paz. Si el PP quiere perder una nueva oportunidad para demostrar su sentido de Estado es su problema, pero la mayoría de los ciudadanos apoya los pasos dados por el Gobierno y los socialistas vascos --y la izquierda aberzale-- para hacer posible un futuro en paz en Euskadi y el resto del Estado. Es el momento decisivo y es preciso no desaprovecharlo por mucho que retruenen los medios afines a los populares.

ANTONI Segura. Catedrático de Historia Contemporánea y director del Centre d'Estudis Històrics Internacionals de la UB.