Cuándo alguien se acerca a la realidad de la ciudad de vacaciones y a las propuestas que surgen de la consejera de Turismo y portavoz del Gobierno, si se deja llevar por la primera impresión cargaría todas sus tintas y todos lo epítetos poco cariñosos sobre Ana Rosa Migoya. Sin embargo, cuándo uno mira a su alrededor, sin necesidad de mucha reflexión, se da cuenta de que el modelo por el que se rige la señora Migoya es un modelo implantado en Asturias por el señor Areces, siendo la Consejera y portavoz simple y llanamente la voz de su amo y la mensajera de la «política» faraónica del presidente Areces y, como consecuencia de ello, acepta sin ambages las tesis económicas y políticas del neoliberalismo -tesis que, por otra parte, se contradicen flagrantemente con su adscripción a la izquierda política- que tienen como consecuencia la realización de un proyecto para Perlora, con unos argumentos tales, que si no fuese porque es algo muy serio, sólo podría producir sonrisas, cuando no carcajadas a mandíbula batiente.
Tienen el señor Areces y su álter ego, la señora Migoya, una visión tan profundamente neoliberal que impregna toda su acción política, su visión, su concepto de lo público; no es más que una actitud servil a las políticas privatizadoras, más o menos encubiertas, que rigen su actitud ante la ciudad de vacaciones de Perlora.
Entender que lo público debe circunscribirse a parcelas cada vez más pequeñas que afectan a los sectores más desfavorecidos, mientras el resto debe de estar en manos del capital privado es una teoría que, por lo que parece, ha calado profundamente en algunos sectores de la FSA y del Gobierno. Plantearse que lo público debe de mantenerse en la sanidad o en la educación, por otro lado cada vez más privatizadas, y en el caso de la educación haciendo políticas que dejan cada vez más arrinconado a lo público en beneficio de las grandes empresas de la Iglesia Católica, es un profundo error. Querer vendernos que la privatización de Perlora es consecuencia de que el dinero público se va a destinar a estos sectores (sanidad y educación) es un insulto a la inteligencia de los asturianos y asturianas y una mentira absoluta, pero si después de defender estas tesis quiere uno vestirse con los ropajes de la izquierda, esto ya se convierte en una ignominia, las políticas de izquierda tienen que basarse, mejor dicho se basan en un concepto claro: no se trata de privatizar lo público sino de socializar lo privado, no se puede consentir, bajo ningún concepto, que un bien público, es decir de todos y todas, se convierta en un negocio que sólo llenará los bolsillos de algunos tiburones depredadores y especuladores, porque para evitar la realidad de la ciudad de vacaciones sólo hay dos soluciones: salarios de miseria y empleo en precario por un lado y por otro subida de los costes, ya de por si altos. La única manera de equilibrar las cuentas y a continuación obtener pingües beneficios (no olvidemos que ése es el único objetivo de cualquier empresario) es siguiendo este camino. Naturalmente, en Perlora los costes laborales son altos, porque los trabajadores y las trabajadoras tienen un salario digno y unas condiciones de trabajo más o menos humanas; para bajar estos costes laborales, el señor Areces y la señora Consejera tienen la formula mágica: se traslada a los trabajadores actuales a otros servicios dentro del aparato de la Administración -insisto en porqué tienen salarios dignos- con lo cual se producen dos fenómenos paralelos: el trasvase de ciento y poco trabajadores muy especializados (limpieza, cocina, administración general, etcétera) a otros sectores que probablemente no los necesiten, agravando de esta manera la capacidad presupuestaria de estas Consejerías, probablemente sin necesidad o por lo menos sin hacer un mínimo estudio de las necesidades objetivas del sector -estoy pensando, por ejemplo en el ERA-, y por otro lado se entrega limpio de gravámenes salariales a los nuevos propietarios, Perlora, pudiendo permitirse el lujo de escoger a sus trabajadores y trabajadoras con salarios de miseria y con trabajo en precario ¿ésa es la política de izquierdas que ustedes propugnan?
A mayor abundamiento también es necesario, cara a la obtención de beneficios, aumentar considerablemente el coste de estancia, que si bien ya está muy alto con respecto a otros tipos de alojamiento dentro de Asturias, será aún más alto haciendo que Perlora se convierta en Perlora Beach, un nuevo reducto para poderes adquisitivos muy altos, en un lugar paradisíaco y con playa propia y campos de golf en las cercanías; ah, olvidémonos del paso libre a la playa: es imposible hacer coincidir los intereses de la mayoría aplastante con los intereses de las élites económicas, este es el camino que ha diseñado el señor Areces para Perlora, éste es el futuro que nos espera, y ante esto, señor Presidente, espero que los consejeros de IU, su grupo parlamentario, su dirección autonómica y, como no, toda la organización se levante como uno solo para evitar este nuevo atropello a lo público. Un Gobierno plural de la izquierda tiene que tener como su máxima el lema: «Ni una sola privatización de lo público», todo lo demás es puro neoliberalismo. Por tanto señor Areces, señora Migoya: una Perlora Beach no entra en nuestra visión de la política, la pelota está en su tejado. Ustedes verán lo que hacen.
José A. del Valle Lavandera.

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