Más confusión: Zapatero abre la veda del diálogo político sin esperar el fin de la violencia, de Antonio Casado en El Confidencial
Era inevitable que los tratos con ETA salieran a relucir en el Debate sobre el Estado de la Nación, cerrado por Zapatero poco antes de las siete de la tarde de ayer. Sin embargo, lo más destacable del tema estrella de la temporada política no surgió en el cara a cara con el líder del principal grupo de la oposición, Mariano Rajoy, sino en los cruces del presidente con los portavoces del nacionalismo vasco con representación en el Congreso.
Así tuvimos oportunidad de escuchar en vivo al presidente del Gobierno en relación con asuntos tan espinosos como el acercamiento de presos etarras a cárceles del País Vasco ("Cada cosa a su tiempo"), el futuro de Navarra ("Lo que quiera la sociedad navarra") y la esencia misma del derecho de autodeterminación envasado ahora en el derecho a decidir de los vascos ("Sí, pero con respeto a las reglas del juego y la legalidad, que es el otro pilar de la democracia").
Pero donde saltó la liebre, dentro y fuera del hemiciclo, fue en cuestiones de agenda sobre los "procesos" en marcha. Ocurrió por la mañana, en el cruce de Zapatero con Josu Erkoreka, portavoz del PNV. En un clamoroso desafío a las leyes de la lógica -ciencia formal, como las matemáticas-, el presidente reiteró su conocida ecuación "Primero la paz, luego la política". Pero como la paz y el desarme van para largo, no impedirá "que el diálogo político comience" antes del fin de la violencia. O sea, una proposición y su contraria en la receta de Zapatero para salir del laberinto vasco. Que lo compre quien lo entienda.
Lo malo es que el presidente no hablaba por hablar. Casi a la misma hora, fuera del hemiciclo, el líder de los socialistas vascos, Patxi López, el mismo que no hace mucho tiempo puso de vuelta y media al lehendakari Ibarretxe, con razón, por recibir a Otegi, anunciaba su vivo deseo de reunirse con este último para iniciar el diálogo político. Tampoco Patxi López hablaba por hablar porque, un minuto después, el dirigente del PSOE, José Blanco, en lo que parecía un movimiento combinado en relación con la postura del fiscal en el trance judicial de Otegi, ayer mismo, respaldaba las declaraciones del líder socialista vasco.
Es tanta la elocuencia de los hechos que me eximen de rebasar la enésima reprobación al Gobierno y al PSOE por añadir confusión a la confusión. No es posible tomarse en serio las apelaciones de Zapatero a la prudencia o las de Rubalcaba a la discreción, cuando ambos dan salida a esta irresponsable secuencia de declaraciones públicas con la mirada puesta en la Audiencia Nacional.
Totalmente justificada la reacción del PP en nombre de la Ley de Partidos y el Pacto Antiterrorista. Justificados incluso los celos del PNV, que detecta el subidón de Batasuna -con otro nombre, claro, o con renuncia expresa a la violencia, que es lo que le pide el Gobierno-, como interlocutor privilegiado del nacionalismo vasco.
