A la que por ahora denominamos corrección de las Bolsas, la cual nos ha golpeado con saña desde el pasado 11 de mayo, se le han atribuido diversas explicaciones. Se han esgrimido las habituales en los últimos tiempos: que si el precio del crudo, que si la depreciación del dólar, que si la subida de tipos y, sobre todo, que si la inflación. A esta última, a su potencial incremento y falta de control, se acudió de inmediato para justificar las caídas que se produjeron a partir de la fecha citada y la consecuente toma de beneficios tan abrupta como impredecible. Pero lo cierto es que la inflación como causa del bajón, ni es la única ni acaso la más importante.
Al margen de la creciente fuerza de los mercados asiáticos y del consistente motor europeo, una vez más Estados Unidos ha sido el que ha marcado la triste pauta correctiva a seguir y en la que todavía nos encontramos. La visible desaceleración de la primera economía del mundo que arrastra con ella un negativo impacto en el ámbito inmobiliario (en menos de un año las acciones de las constructoras estadounidenses han perdido más de un tercio de su valor bursátil) así como una mengua en los índices de consumo, podrían explicar la citada corrección mejor que cualquier otra observación de carácter convencional, como sería atribuir a un descontrolado precio de las cosas los males de estos días. Sea como fuere, y con independencia de los motivos, ante una mayor volatilidad, se impone ahora una inversión selectiva y moderada.

Raúl Rey Sainz de Rozas es consultor financiero.

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