Tras el duelo dialéctico entre Zapatero y Rajoy, el debate sobre el estado de la nación tuvo un segundo elemento de interés en el cruce de intervenciones del presidente del Gobierno y los portavoces de los grupos nacionalistas vascos. El silencio guardado sobre el alto el fuego de ETA en la primera jornada del debate dio paso a extensas declaraciones, entre las que destaca la afirmación de Zapatero de abrir el diálogo político antes de que se ponga punto final a la violencia.
Desde que ETA anunciara el alto el fuego permanente, saludado por el Gobierno como un hito histórico, el presidente había establecido dos premisas: con ETA no se debe hablar ni una palabra de política; una vez alcanzada la paz, llegará el tiempo del diálogo político con los partidos vascos. Junto a estas dos posturas, había dejado caer que no le convencía el método de las mesas de negociación, tal como las plantean Ibarretxe y Batasuna, aunque sobre este particular el presidente del Gobierno no se había mostrado rotundo.
Ahora, Zapatero da un paso más y asegura que acepta abrir el diálogo político, mientras ETA negocia medidas de gracia para los presos. Sería bueno que hubiera esbozado esta idea en el inicio del debate sobre el estado de la nación para que Rajoy pudiera dar su parecer.
Dada la capacidad de presión de los grupos nacionalistas (PNV, EA, Batasuna, Aralar) es muy difícil imaginar que una vez pasado el verano se pueda dilatar por mucho más tiempo la negociación política. ETA y Batasuna forman parte de un mismo conglomerado, así que sabrán utilizar la negociación sobre las armas para abrir el diálogo sobre el estatus político del País Vasco. Lo más preocupante de todo es la idea mítica que tiene Zapatero sobre el fin ETA y la negociación con los grupos vascos, al hablar de conseguir un gran acuerdo histórico de convivencia en el País Vasco.
Ese acuerdo ya lo hay: el Estatuto de Gernika. El País Vasco sólo necesita el fin de ETA para quedar homologada con el resto de las comunidades autónomas. Bastantes singularidades se le reconocen al País Vasco en el Estatuto de Gernika como para ampliar ese marco. No se le puede pedir a Rajoy que apoye sin condiciones el proceso de paz y hacer luego un guiño a la negociación política con Batasuna.

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