Sin el menor ánimo de polemizar con Xavier Antich, autor de la primera parte de este artículo (´La Vanguardia´, 10/ V/ 2006), sino a fin de complementarlo. A primera vista, parece que dé munición al contrario, a los que pretenden confundir cultura con entretenimiento, con propaganda o intimidación del poder... Al expulsar a los exquisitos de la tierra y encerrarles en su paraíso artificioso y estéril, puede entenderse que con ellos van todos los exigentes. Creo que es necesaria una aclaración. Una segunda parte.
Lo diré primero en catalán, "l´art eixampla i perfila els límits de l´experiència humana". Ensancha y perfila los límites anteriores de nuestra experiencia como seres vivos, nuestra percepción, capacidad de asombro, goce y conocimiento. Para que eso se produzca, no basta la fuerza del rayo que ilumina la noche y desaparece sin dejar rastro. El llamado espectador debe participar, abrirse a la experiencia, interiorizarla, establecer un grado de conectividad por su parte, dialogar, completar o cuanto menos intuir por donde debe uno dejarse llevar. Cuanto menos pasivo, mejor.
En términos generales, eso requiere un aprendizaje. "La bellezza é come la carciofa", recordad. Es cierto. Pero con excepciones. Genios como Shakespeare, Mozart o Picasso resultan de libre acceso. La mayoría no. De otros muchos, bastante o algo puede llegar, de algo o bastante pueden disfrutar quienes no posean formación y claves específicas. De tantos otros, de la mayoría, hablando en términos de todo el legado artístico por lo menos de Occidente, nada o casi nada. Horacio no, por poner un caso de extrema dificultad aunque a muchos no se lo parezca. Para leer a Horacio, antes hay que mudarse por dentro en lo más parecido a Horacio posible. Un proceso de larga duración, de transformaciones sucesivas irreversibles. Horacio prohíbe el acceso a él, no sólo de los ´hijosdeputa´, sino de los que no experimentan riqueza interior y se dedican a cultivarla mediante sentimientos positivos. Rilke es más fácil, pero también se las trae. Jamás un exquisito tendrá acceso a Horacio, a no ser que al leerlo admita su condición de cabronazo y consiga cambiarse. Entonces dejará de ser exquisito para volverse humilde, tan humilde en su fondo como le sea posible, que nunca será suficiente.
Por otra parte, hay que seguir contando con algo fundamental: la capacidad artística de la gente, la capacidad de recibir y crear arte existente entre las personas que bastante tienen con sacar su vida adelante entre mil dificultades, o sin tantas, pero que se complacen en ´fer el badoc pel món´. A todos ellos, el arte, la creación les concierne. Y ahí está lo fundamental, los artistas de nuestro tiempo, los que comparten la definición de arte hecha más arriba - aún no he encontrado otra que sea más exigente con nosotros-, o sea que cuando digo artistas hablo de los que provienen de las vanguardias, a esos artistas corresponde encontrar fórmulas para acceder a esas personas sin preparación. No para entretenerles, no para engañarles, no para ponerlos en un plano de inferioridad, sino para procurarles experiencias que respondan a la definición de ensanchar los límites y perfilarlos. Algo que se hace de tú a tú, no de arriba hacia abajo. Como en todas las épocas, no todos poseen esa capacidad de acceso a los que no tienen preparación. Pero los que pueden, tienen el deber de empeñarse en ello (yo mismo soy muy limitado en este sentido, y en otros que no vienen al caso, pero hago lo que puedo con Jòdar y Palol).
Los que estamos en ese lado no somos muchos. Al revés, la mayoría de los que podrían estarlo, y en el fondo no se suman por circunstancias profesionales o de falta de autoexigencia, se diría que nos tienen ojeriza. También los exquisitos, pelo de gato persa y huecos como cascabeles. Da igual. Nosotros somos ´we band, we band of brothers´. Xavier Antich, uno de los mejores entre la ´band´. No penséis que os facilita la vil tarea, partidarios de la anticultura.

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