En fin. Pues nada. Un artículo sí y otro también dedicados a llorar de rabia. ¿Qué nos pasa? ¿Qué valores sacuden las entrañas de nuestra convivencia? ¿Qué nos hace vibrar destruyendo lo que nos une, lo que nos define, lo que nos recuerda que la vida está llena de cosas por las que merece la pena levantarse cada mañana y echar a andar? Después de imaginar los árboles del Paseo del Prado languideciendo a los lados de nuestros sueños, amarilleando vidas que pasan cerca de sus hojas y de sus troncos muertos Después de suponer a Ibiza sepultada entre cemento y coches y alquitrán y carriles de montaña rusa construidos deprisa y corriendo, con la ansiedad de la ambición sin límites y sin más argumento que llenar los bolsillos de dinero manchado de mentiras Después de comprobar que las promesas vuelan lejos cuando el que jura consigue lo que quiere de ti y tus ojos ya han perdido la confianza Después de eso, entre otras muchas cosas, te levantas un día de primavera y te cuentan que el alma del Festival de Otoño de Madrid, el Teatro Albéniz, va a morir bendiciendo una hamburguesería, un bar, o una tienda de calcetines. La propiedad del teatro tiene licencia de construcción y se come con patatas el nivel de protección 1 en el Plan General de Ordenación Urbana que se supone que protege nuestras joyas de intereses personales y locuras implanteables.Esperanza Aguirre prometió en campaña electoral intentar la compra del Albéniz, y lo hizo, pero la familia no quiere negociar y recuerda que podría extender su plan a los edificios colindantes, así que cuidadito con patalear no vaya a ser que la venganza sea terrible y nos construyan otra T4 sólo por fastidiar. En fin, que allí donde el arte meció corazones, curó desengaños, parió reflexiones y ayudó a vivir a cientos de almas inquietas y necesitadas de una belleza que jamás debería ser negociable, se dibuja un centro comercial que dejará a Madrid completamente desolada. Y digo yo ¿Se talarán los árboles de los Campos Elíseos para construir un carril-bus? ¿Se cerrará al público Picadilly Circus para levantar una burbuja de metacrilato donde reunir a la Cámara de los Lores? ¿Se tirará la Puerta de Brandeburgo para abrir una pista donde aterricen los jets privados que tengan palco vip en la súper final del Mundial? Se os ponen los pelos de punta, ¿verdad? Y es que cierta condición humana ha entrado en un proceso de congelación que se dispone a hundir el barco de buenas intenciones de la gente corriente, los caminos de paz y de armonía, las risas, los paisajes que forman parte de unas vidas que necesitan asomarse al balcón y reconocerse en las calles donde han crecido. Autodestrucción legal e institucionalizada.

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