No sé si sabrán ustedes que el próximo 18 de Junio se celebra el referéndum del Estatut. Por si acaso han estado toda la legislatura del tripartito fuera de Cataluña o leyendo a Dostoiewsky, cosas ambas muy saludables, me permito recordárselo, aún a riesgo de ser un pesado. Lo inquietante de este asunto es ver cómo se ponen algunos de los nervios ante lo que debiera ser un acontecimiento lógico y natural, tras más de dos años de debates, discusiones, reuniones y ponencias.
Seguramente, el Estatut que ha quedado al final de este arduo y laborioso proceso no satisfará ni a tirios ni a troyanos. Por eso mismo debe ser, forzosamente, un buen Estatut. Es una herramienta útil que puede ser utilizada por distintas manos.
Servidor, con toda modestia, ha decidido votar afirmativamente el texto y, como siempre he pensado que la persona que no hace públicas sus ideas es porque no vale nada como persona, o porque sus ideas son las que no valen un comino, me he sumado a la plataforma «Estatut, jo sí». Hay quien afirma que gente tan distinta como Núria Feliu o Núria Ribó se junten para apoyar al Estatut es señal de que algo no va bien en el país. Opino todo lo contrario.Que éste suscite complicidades entre sectores harto diferenciados, cuando no opuestos, jamás puede ser un signo de anormalidad, al contrario. El acuerdo, la razón, el debate sosegado, el saber aparcar las diferencias y legítimas rivalidades para mejor servir el interés común es un signo clarísimo de madurez democrática.
Pero me temo que del Estatut se va a hablar muy poco en los próximos días. El debate será acerca del sucesor de Maragall, de si hemos de ser como Montenegro o de si la sociovergència (o socio-convergència, como algunos reclaman) es hija del deseo de medrar. Hay quien tiene como referencia Montenegro. Las mías son la Unión Europea y las naciones democráticas y socialmente avanzadas.
Pero lo malo de tales afirmaciones es que desvirtúan algo de lo se habla poco, a saber, ¿por qué un independentista vota que no a una mejora en las condiciones de autogobierno de Cataluña? ¿Votará no, sabiendo que los españolistas harán lo propio?.
¿Saben que ésos «noes» los acabará capitalizando el PP ? ¿Quién manipula la furia desatada contra los que sostenemos que se ha perdido mucho tiempo discutiendo acerca de lo que somos y lo que no somos, y que ya es hora de hacer avanzar a nuestra sociedad? ¿Alguien en su sano juicio rechazaría un piso de cien metros cuadrados con todas las comodidades, prefiriendo quedarse en un barracón sin agua, so pretexto de que aspira a tener un castillo?
El voto afirmativo es el voto del sentido común, el voto de los que desean instrumentos prácticos y no discusiones bizantinas.Y conste que no todas las personas que dan su apoyo al Estatut en la plataforma me caen bien. A muchas les debe pasar exactamente lo mismo conmigo.
Pero ha llegado la hora de votar con la cabeza y no con los pies. Ha llegado la hora de alejarnos de posiciones viscerales sin futuro. Ha llegado la hora de apartar lo que nos separa y hacer frente común por aquello que nos une.
Por un mejor autogobierno y una Generalitat más eficaz, servidor votará que sí.Y me apresuro a aclarar, por si las dudas, que soy socialista con carné. Pero tal condición no me impide reconocer los méritos de Mas, así como los de Montilla o Zapatero. La ideología no debería ir emparejada con la ceguera.
© Mundinteractivos, S.A.

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