Aunque *Zapatero* no quería que en el llamado debate sobre el Estado de la Nación se hablara de ETA y sus procesos. Será inevitable. “Quien habla y no para es él”, protesta *Rajoy*, irritado por el nuevo ataque de locuacidad del presidente, no ante el Congreso, el pacto antiterrorista, la comisión de secretos oficiales o el líder de la oposición, sino ante un medio de comunicación (Catalunya Radio), donde ayer acotó los temas a tratar en el futuro diálogo con la banda terrorista: su propia disolución y el futuro de sus miembros.

También el ministro *Rubalcaba* recomienda que de ETA y sus procesos se hable muy poco en público y mucho en privado, pero su jefe no le hace caso. Su jefe, pues, se expone a sufrir esta tarde un nuevo ataque de contrariedad porque Mariano Rajoy, estimulado por esta última indiscreción de Zapatero, no se frenará en su enésimo intento de hacerse entender: todo el apoyo al Gobierno para promover la desaparición de ETA, con eventual diálogo previo sólo para verificar su voluntad de desaparecer.

Por tanto, doble contra sencillo a que ETA y sus procesos serán asunto central del cuerpo a cuerpo de esta tarde Zapatero-Rajoy, después de la inevitablemente tediosa apertura del presidente del Gobierno, a mediodía. Siempre ha sido así. El interés está en el debate bilateral del titular del poder con el aspirante. Más por medir y comparar su respectivo estado de forma que por auscultar a la Nación.

La Nación, bien, gracias, a pesar de los pesares, también a pesar de la clase política y aunque la clase política tome a la Nación como pretexto para escenificar el principal debate parlamentario del año.

Tampoco esperen grandes cosas para esta decimoctava entrega desde que *Felipe González* lo implantara hace veintitrés años. Lo de “implantar” recuerda más el largo idilio del ex presidente con la Botánica -el domingo lo pasó con sus buenos amigos, los árboles de Aranjuez-, que las escasas glorias de un formato que la opinión pública olvida un minuto después. No pasan a la historia estos debates. Si acaso, el del 95, el del famoso “Váyase, señor González” del señor *Aznar*, que también se fue.

Por hacer una leve aproximación de vísperas, Zapatero se centrará en la economía, la política social y el desarrollo de las libertades, mientras que Rajoy, cuya idea de fuerza será impugnar el orden de prioridades del Gobierno, le buscará las vueltas a Zapatero en terrorismo, inmigración y delincuencia organizada.

Además, veremos cómo se escenifica el nuevo consorcio del PSOE y los llamados nacionalistas moderados (CiU y PNV), mientras que el papel de moscas cojoneras del Gobierno -perdón por la licencia-, se lo adjudican el PP de Rajoy la ERC de *Puigcercós*.