Pido a mis lectores que, con motivo del Mundial, dirijan sus oraciones a San Casillas y a Jesús del Gran Poder. La autocompasión nos ahoga cada cuatro años como si fuera una Navidad de verano. Es la melancolía previa de saber que somos malos en fútbol, ese deporte en el que siempre ganan Brasil o Alemania y si no, Italia o Argentina. Pasolini decía que Brasil era la poesía y Europa la prosa; ni siquiera en la prosa llegamos a la selección final.De ese derrotismo complaciente nos despertarán Casillas y Puyol, el acerado y correoso. A excepción del portero y del defensa, nadie se siente titular en la selección. Ya pueden imaginarse que nuestra táctica de combate será la numantina, con una selección también melancólica, porque no siente el apoyo de la tribu, en este momento crudo del patriotismo cuando hasta el presidente del Gobierno apoya al Barça. El patriotismo español está en crisis como la propia selección; emergen los chovinismos provinciales, que desde los romanos simbolizan la derrota. Todo el poder lo tendrá para la retaguardia, tal vez porque como se demostró en Albacete, España no mete goles ni siquiera con tres delanteros.
Los futbolistas españoles no tienen nada que ver con la infantería que asombró al mundo, aunque aquellos también eran mercenarios, pero sólo ganaban cuatro escudos. «Los soldados -le dicen los capitanes al conde-duque de Olivares- están muertos de hambre, en carnes vivas y pidiendo limosna de puerta en puerta». Los futbolistas de España trasmiten nuestra propia autocompasión, el derrotismo que nos asola. Sólo San Casillas y Puyol, un catalán, infunden alguna esperanza y emoción; tal vez porque son los últimos defensores de la empalizada.

«No sirves para nada, quédate en el arco», suelen decirle a los porteros de niños; y sin embargo fueron arqueros, Karol Wojtyla, Albert Camus y Vladimir Nobokov. Casillas, el segundo que más ha jugado en el Mundial, competirá con Tizie, el mejor portero de Africa, Costa de Marfil, Buffón, el portero de Italia, y no con Oliver Kahn, que irá de suplente; le ha sustituido Lehmann, portero del Arsenal. La noticia ha conmocionado Alemania, siempre tan nacionalista. No veremos a King, el gorila, el que nunca sonríe, el huno, la fiera. Oliver comentó: «La línea entre el fracaso y el héroe nunca es tan delgada como para el portero».Se habla de la soledad del ariete ante el penalti y nadie se acuerda de la soledad y la angustia del portero.

Esperemos con serenidad la tradición, la eliminatoria de España en un campeonato que gana en ambición a la Olimpiada. Pidamos a los que mandan que nos permita verlo en abierto. Hasta ahora, ninguna otra cosa, excepto la muerte, nos igualaba tanto; si no pudiéramos ver el Mundial, como lo ven en las chozas de Africa o las villas miseria del Cono Sur, el derrotismo, la autocompasión y la melancolía, nos devorarían.

Ten piedad de nosotros, Jesús del Gran Poder.

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