Al juez *Juan del Olmo* le ha salido un glaucoma en un ojo y esa, entre otras razones, es la explicación de que uno de los procesados por el 11-M haya sido puesto en libertad. Los glaucomas, además de producir la visión de moscas volantes, cefaleas y hasta náuseas, son por lo visto nefastos para la memoria y provocan excarcelaciones intempestivas como la de este *Saed El Harrak*, al que no se citó a tiempo para prorrogar su estancia en prisión. Del Olmo, que no es santo de la devoción de la comunidad periodística del queso gruyère, esa que detecta agujeros negros por doquier, ha dado a sus críticos el argumento definitivo: un tipo con glaucoma no puede distinguir una conspiración aunque la tenga frente a sus narices.

Ha tenido que producirse este incidente ocular para que se comprendiera por fin por qué el magistrado no veía lo que para muchos estaba tan claro. A un hombre disminuido en su nervio óptico se le puede dar gato por liebre, Orquesta Mondragón por Gráficas Bilbaínas y hasta Renault Kangoo por Seat Ibiza. Uno espera que la Justicia sea ciega pero quiere que sus señorías sean linces. Ahora se explica que Del Olmo no haya reparado en los mil y un enigmas del caso –puede que sean más- y que haya sido sorprendido en su buena fe por los interesados en que la verdad no se conozca jamás, entre los que cabe citar a la Policía, el CNI, ETA, Batasuna, los servicios secretos marroquíes, el PSOE, el Gobierno y la Nueva Trova cubana.

Bromas aparte, es imperdonable la negligencia del juez, con la que además ha dado pábulo a quienes llevan dos años tratando de enmarañar el sumario con revelaciones de tebeo. No caben excusas ante semejante error, inadmisible en un caso de esta trascendencia e incomprensible en pleno siglo XXI. Habiéndose producido buena parte de las detenciones de los implicados entre marzo y junio de 2004, ¿es tan difícil establecer un mecanismo de aviso, informático o de otra naturaleza, para que entre marzo y junio de 2006 alerte de la fecha en la que se cumplen los dos años de prisión preventiva de cada uno de ellos? ¿Acaso el juez o la fiscal no son capaces de anotar en una simple agenda las fechas claves de la instrucción?

El suceso ha servido para que el magistrado descubra que su secretario judicial es un amigo y de los buenos, porque el pobre ha llegado a inculparse de la metedura de pata y ha asumido que el “error mecanográfico” de establecer el 16 de mayo y no el 6 como la fecha del señalamiento era suyo, por haber “confiado en la habitual meticulosidad del juez”. Es discutible que su descripción del penoso trabajo ante el ordenador de un hombre atormentado por el colirio y enfrentado diariamente a titulares de prensa que cuestionaban su imparcialidad y capacidad constituyan siquiera un atenuante de la irresponsabilidad del magistrado. Todos deseamos lo mejor para su ojo, pero la vida es dura para todo el mundo, también para los albañiles.

Lógicamente, ha faltado tiempo para que a Del Olmo le hayan buscado las vueltas, sacando a relucir la reprobación que la Audiencia de Vizcaya en 1992 le dedicó por su manera de instruir el asesinato de un guardia forestal. Quienes tan preocupados se muestran ahora por la reputación instructora de Del Olmo, esencialmente porque el juez no ha entrado en el juego de sus desvaríos, no lo estaban tanto cuando los sumarios llevaban la firma de *Baltasar Garzón* y sus deficiencias provocaban, por ejemplo, que el primer juicio contra Al Qaeda en España se resolviera con penas mínimas por falta de pruebas. Claro que desde que Garzón atribuyera al terrorismo islamista la autoría del 11-M el número de sus admiradores se ha reducido bastante.

Lo que ha conseguido Del Olmo con su torpeza no sólo es dar alas a esa tropa sino empañar un trabajo de dos años que, al menos por lo conocido hasta ahora de la investigación policial, ha sido escrupuloso y exhaustivo. Podrán criticarse los fallos de seguridad que hicieron posibles los atentados pero no la diligencia en la resolución del caso. Como esta evidencia es incompatible con la teoría del complot, que es la que conviene a determinados intereses, tendremos conspiración para rato, al menos hasta que el PP vuelva a ganar las elecciones. Y entre tanto, el periodismo de investigación que gastamos por estos pagos volverá a hacer de las suyas.

Está visto que a investigar no nos gana nadie. Sirva el ejemplo del 7-J. Las autoridades británicas han establecido que los atentados de Londres fueron ideados y perpetrados por cuatro jóvenes de origen paquistaní y jamaicano sin ayuda exterior y a un precio módico: 12.000 euros. En otro informe, una comisión parlamentaria ha atribuido a la falta de recursos la incapacidad de los servicios secretos para evitar los atentados, al tiempo que confirmaba que dos de los cuatro suicidas habían sido investigados. ¿Qué han hecho estos ingleses para no tener ni un solo /black hole/? ¿Habrán reparado en que un paquistaní o un “morito” del 11-M no están capacitados para planear atentados de este tipo sin la ayuda de mentes superiores? ¿Están seguros de que sus espías y sus /bobbies/ no han tendido una trampa a su Gobierno dejando actuar a los asesinos a sabiendas? ¿Conducía alguien un Skoda Fabia?

Tanto si es apartado de la carrera como si logra salvar la peripecia con una multa, Del Olmo y su glaucoma habrán hecho un flaco favor a la Justicia. Afortunadamente, es impensable que el relevo del juez instructor dilate el procedimiento más de cuatro años, lo que obligaría a poner en libertad a todos los procesados al agotarse el plazo máximo de la prisión preventiva. Sin duda, a algunos les gustaría que ocurriese. Tendrían así más tiempo para buscar a ese supuesto ideólogo que –ya lo dijo *Aznar*- no se esconde ni en las montañas ni en los desiertos de Afganistán. Como se lo propongan lo encuentran.. vaya que si lo encuentran.