Incrustada en una crónica, me despierta a martillazos la palabra amnistía. Es obra y responsabilidad de un diario digital y el contexto es una entrevista a José Luis Rodríguez Zapatero, ayer en Catalunya Ràdio.
El presidente había dicho que trataría con ETA sobre el futuro de los terroristas encarcelados. Y a ras de ese suelo escribe el diario: «Preguntado sobre si eso implica una posible amnistía, ha respondido [Zapatero]: 'No hemos empezado a hablar'».
El periodista que le entrevistaba en directo había utilizado otra palabra: excarcelaciones. No es una palabra técnicamente apropiada para describir lo que sucederá -ni el indulto ni la redención extraordinaria son decisiones judiciales como la palabra excarcelación dispone, sino gubernamentales: y dado el caso es conveniente señalar con láser-, pero sí es la palabra ahora corriente.En cualquier caso, de excarcelaciones a amnistía hay un abismo.El periodista lo ha recorrido con sus dígitos y la palabra amnistía ya está en la hoja de ruta, no importa si por deliberación o por ignorancia.
Uno de los grandes debates de la Transición se libró entre las palabras indulto (perdón) y amnistía (olvido). Fue un debate clave, que debieran examinar los que acusan de amnésica a la Transición. No sabiendo lo que dicen dicen bien. La Transición, en efecto, diseminó el olvido. El olvido para los crímenes cometidos bajo el franquismo. Estableció, sin que se haga necesario demasiado vuelo metafórico para justificarlo, que el delito fue el franquismo y no los crímenes cometidos contra él.
Es interesante observar que el debate político entre indulto y amnistía es también un debate lingüístico. La primera aparición de amnistía en el diccionario español (1770) vincula el concepto con el perdón. En 1822 olvido y perdón empiezan a convivir. Y en 1852 perdón desaparece del campo semántico.
En algunas ediciones de los últimos años del siglo XX reaparece, aunque efímeramente. Amnistía hoy, y gracias a la Transición, es el olvido de algo que no existió. Se trata de un oxímoron monoparental, y acaso de los más bellos y profundos.
El ignoto redactor ha puesto una palabra donde no debía. Pero como suele suceder, debajo de los errores está la playa. Al fin y al cabo, las excarcelaciones que vendrán en el futuro estarán fundamentadas en la amnistía, y sólo podrán ser posibles gracias a ella. Hablo de la amnistía de las víctimas, del olvido de algo que no existió. Del bello, profundo y terrible oxímoron.
(Coda: «Debía, pues, estar próximo el día del indulto -ya que no de la amnistía- de la opinión general». Pedro Antonio de Alarcón.El niño de la bola. Citado en el Diccionario Histórico de la Academia, 1933.)
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