Los robos de los días recientes en diversas urbanizaciones catalanas han puesto al descubierto la punta de un iceberg que es la desatención total en la que vive una parte del país.
Y es que esa parte del territorio, el de las mal llamadas urbanizaciones, es una selva sin ley, y sus pobladores, que son muchos miles, carecen de una multitud de servicios garantizados por la Constitución y por el Estatut casi periclitado, pero que ninguna administración atiende.

Yo no defenderé jamás las patrullas de vecinos armados de escopetas de caza, destornilladores y rabia incontenible, porque son el germen mismo del fascio. Pero yo vivo en una urbanización desde hace años, he presidido una comunidad de vecinos, y sé de qué hablo. Las urbanizaciones están desatendidas por los municipios.Estos cobran un impuesto tan elevado a los propietarios como el de quienes viven en los cascos urbanos y disfrutan de todos los servicios. Pero los ayuntamientos se niegan a integrar esas zonas como parte del casco urbano («recepcionarlas») porque no les interesa hacerse cargo de los servicios. Y ninguna instancia superior les obliga a hacerlo.

En mi urbanización el ayuntamiento no nos da agua, pero administramos la de nuestros pozos. No tenemos teléfonos normales (sino una porquería llamada TRAC que nos ha instalado telefónica, y sólo a algunos), no tenemos banda ancha ni buena cobertura de móvil, y para conseguir que la Sociedad Estatal de Correos se dignara traer nuestra correspondencia a un sistema de buzones situado en la misma urbanización, he tenido que pelear durante dos años, y sólo me garantizan un par de repartos a la semana. Las escuelas están a 15 o más kilómetros y no hay transporte municipal que pase a recoger a los críos.

Ahora los ayuntamientos pagan la luz de las calles y una simbólica limpieza de las mismas, y punto final. No tenemos transporte público, ni siquiera alguien que mantenga la carretera de 5 km.que conduce a la urbanización (es una carretera que no tiene dueño). Pagamos de nuestro bolsillo una parte enorme del coste de la limpieza de los bosques que rodean nuestras casas para reducir el peligro de incendios.

La recogida de basuras se limita a dos veces por semana, incluso en verano, cuando aumenta la población por la llegada de los veraneantes. La Policía municipal pasa una vez por semana, y los Mossos una vez al mes. Y pagamos los mismos impuestos que los demás, insisto.

Pero hay otras urbanizaciones en donde, además de todo eso, no tienen casi agua, no tienen alumbrado público, no tienen aceras, no tienen protección contra los incendios

Por fortuna, con dinero y esfuerzo se arreglan algunas cosas.Nosotros no tenemos necesidad de patrullar porque nos permitimos el caro lujo de tener seguridad privada que pagamos a escote entre todos los miembros de la comunidad. Casi todo el mundo se ha puesto en casa cámaras de vigilancia. Seguimos viviendo tranquilos. Pero atendernos, a nosotros no nos atiende nadie.

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