Las sombras que proyecta el hecho de que partidos, administraciones y promotores caminen demasiado juntos.
Volvemos a las sombras de Poniente, no tanto a las de los futuros edificios del plan de vías, sino a las que se han sembrado en torno a la actividad inmobiliaria del grupo Progea. Dice el concejal del Partido Popular Pedro Muñiz, que viene siguiendo desde antaño la actividad de este grupo y que va a revolver los expedientes de sus actuaciones hasta encontrar algo. Esperaremos a ver si encuentra algo o si sale un nuevo episodio de la Pantera Rosa.
Sea como fuere, lo curioso de este caso, si es que hay caso, es que ha sido el concejal de Izquierda Unida, Jesús Montes Estrada, «Churruca», el que mejor ha hecho patente el viejo aforismo de que «excusatio non petita, accusatio manifesta», o sea, que nadie le pidió que excusase a Progea de nada, pero él se lanzó a dar dos explicaciones clave. Que dichas explicaciones se vuelvan acusaciones -no necesariamente judiciales- es algo que le dejamos al edil Muñiz.
Pues bien, en primer lugar, «Churruca» quiso dejar claro que desde 2004 no existe relación entre Progea e IU. Paralelamente, un portavoz del Partido Comunista de España manifestó en este periódico: «Nosotros ya no estamos vinculados ni orgánica ni políticamente a este grupo» a causa de «un golpe de mano de Izquierda Unida».
Y añadió más dicho portavoz: «Izquierda Unida fue tomando el control del grupo hasta quitarnos de ahí». Al mismo tiempo, «nos quitaron y nos quitamos, porque el grupo había tomado derroteros con los que no queríamos saber nada».
Sinteticemos: pese a nuestra intención de eliminar sombras, nos encontramos con dos versiones contrapuestas. A nadie se le oculta que en el fondo de este barullo se halla la contienda entre el PCE e IU, entre Francisco Frutos y Gaspar Llamazares, entre Madrid y Asturias, etcétera, y con graves discrepancias sobre los bienes inmobiliarios de la formación en Oviedo, o sobre la legalidad de sus congresos, o sobre la línea política que más convenga, de dureza o, por el contrario, de connivencia con el PSOE. Además de todas esas divergencias, parece que la discrepancia sobre Progea nació cuando este grupo inmobiliario modificó sus fines para dedicarse también a al promoción de vivienda de precio libre, mientras que inicialmente su objetivo era el de promover pisos protegidos o trabajar para las cooperativas de vivienda.
Sobre este particular versó la segunda «excusatio non petita» de «Churruca»: promover vivienda libre proporciona caja a Progea para luego lanzarse a la producción de pisos más baratos. Y fue precisamente la operación de Poniente aquélla en la que Progea, mediante la firma Prosein, entró para adquirir dos de las nueve parcelas de la urbanización y edificar dos lindos edificios barco. Si la memoria no nos falla, cada una de aquellas parcelas rondaba los 500 millones de pesetas, de donde deducimos que la llegada de Progea a la vivienda libre fue estelar y muy cara, aunque los beneficios seguramente fueron cuantiosos.
Esta circunstancia, y la defensa de «Churruca» de una tercera vía entre el liberalismo y el proteccionismo, llevó al edil Pedro Muñíz a conjeturar que Progea actúa como El Zorro, o como Robin Hood, arrebatando beneficios a los ricos para entregarlos a los pobres.
Sin embargo, este modelo de funcionamiento, tipo «bosque de Sherwood», no lo hemos visto precisamente en las inmediaciones de otro bosque, el de El Lauredal, en la futura urbanización homónima que iba a ser inicialmente llevada por la gestora de suelo del Principado, Sogepsa. La retirada de Sogepsa ha acarreado una rebaja importante en el número de viviendas protegidas que iba a contener esa operación, sujeta ahora a la promoción privada y donde Progea también ha entrado.
El Lauredal también tiene sus sombras: las que dejó la espantada de Sogepsa con la avenencia incomprensible del Ayuntamiento de Gijón.
¿Adónde conducen todas estas circunstancias? A que el sector inmobiliario es materia demasiado sensible, y ya lo era incluso mucho antes de los recientes escándalos. Además, alcanza temperaturas desaconsejables cuando partidos, administraciones y promotores caminan demasiado juntitos.

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