A un año de elecciones. La encuesta que publicó ayer EL MUNDO sobre intención de voto muestra que el PSOE aventaja, en el Estado, en 1,5 puntos al Partido Popular. Estos datos son excelentes, en contra de lo que pudiera parecer, para el PP en Madrid. En la Comunidad y en el Ayuntamiento. Las tesis de los populares son claras: si esta distancia no supera los cinco puntos, la mayoría absoluta está garantizada en ambas administraciones.Por encima de cinco puntos de diferencia, el Gobierno regional entraría en serio peligro y por encima de siete, el del Ayuntamiento.A un año de las elecciones, este dato debería llenar de optimismo al PP, pero la prudencia les hace pensar en que la situación será apretada y que el papel del presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el del líder de la oposición, Mariano Rajoy, serán determinantes en el resultado. Por la sencilla razón de que la próxima será una campaña municipal y autonómica en clave nacional. El bastión de Madrid es, más que determinante, representativo. En el Ayuntamiento, el alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón, tiene un año por delante muy definido: cerrar las obras, presentar la reforma de la M-30 como la gran transformación de Madrid y ejemplo de modernización de la ciudad, reactivar el espíritu olímpico y sosegar el ambiente caldeado de algunos barrios por culpa de la mala gestión de los parquímetros. Esperanza Aguirre, en la Comunidad, juega la baza de su fuerza interna en el PP como elemento clave para cimentar su candidatura y dedicará el año a inaugurar hospitales, Metro, escuelas bilingües y, como su compañero en la Casa de la Villa, a no cometer errores que puedan beneficiar al enemigo. En este caso, el enemigo principal es el PSOE, con dos serios inconvenientes: primero, tiene dudas en la candidatura al Ayuntamiento; segundo, depende de que Izquierda Unida -en pleno proceso de debate interno, lo que equivale a guerras intestinas sin tregua- no se hunda ni en la región ni en la capital para poder alcanzar el poder. Todo indica que el PP parte como mejor situado y que si el PSOE tiene algo que hacer, será más en la Comunidad, aunque los enfrentamientos entre Aguirre y Ruiz-Gallardón pueden, al final, afectar al propio PP. Obras, en el sentido más extenso de la palabra, y paso seguro son las claves de quienes están en el poder. Desgaste, alternativas y capacidad de activar a un electorado aburrido, las oportunidades que se le presentan a la oposición.
El ambiente, como suele ser natural cuando se avecina una consulta electoral, empieza a plagarse de especulaciones. A un año de las municipales -27 de mayo de 2007- el panorama en la capital está claro para el Gobierno y difuso para los partidos de la oposición.

A estas alturas, parece evidente, pese a las constantes refriegas internas, que el Partido Popular (PP) optará una segunda vez por la fórmula de Alberto Ruiz-Gallardón. El Partido Socialista (PSOE) evidencia, en cambio, dudas terribles y peligrosas sobre la alternativa al actual alcalde. Dudas que no hacen más que debilitar a Trinidad Jiménez, portavoz en la Casa de la Villa.El debate que la persigue sólo contribuye a crear inseguridad sobre su capacidad de luchar con garantías por el poder.

Izquierda Unida (IU), tan proclive al melodrama y el suicidio, está decidida a eliminar de la escena municipal a Inés Sabanés, que sería sustituida por el hoy diputado nacional Angel Pérez.

Este es el panorama político poco definido a un año de la cita con las urnas. Un panorama que, como mucho, podría aderezarse no con alguna encuesta conocida, sino con las proyecciones que manejan los partidos y que indican que el resultado, hoy, es muy ajustado.

Todos los factores juegan en unas elecciones. Todos. Pero en la capital tiene una relevancia absoluta la política nacional.El papel de José Luis Rodríguez Zapatero, presidente del Gobierno, y de Mariano Rajoy, presidente del PP y líder de la oposición, se adivina vital para cada una de sus formaciones.

Hasta tal punto es así, que cuando los expertos tratan de analizar el futuro parten de una premisa: sólo si la distancia en intención de voto del PSOE sobre el PP supera los siete puntos en España, la capital está en riesgo para los populares. Si esta diferencia -en 1,5 puntos, según encuesta de ayer de EL MUNDO- se mantiene por debajo, no existen problemas para mantener, por quinta vez consecutiva, la Alcaldía.

Pero hay infinidad de elementos que pueden inclinar la balanza para uno u otro lado: que las obras, básicamente la reforma de la M-30, esté sin concluir; que IU obtenga o no el 5% de los votos; que el PSOE se saque de la chistera un candidato tan potente -se ha pasado de José Bono a Javier Solana y ahora ya se está en María Teresa Fernández de la Vega, vicepresidenta de Zapatero- que le devuelvan esos sufragios que se quedan en casa o que, se suele pensar, personas de izquierda derivan hacia Ruiz-Gallardón.

Así, con ese escenario, las estrategias -al margen, se ha dicho ya, de la relevante política nacional- se perfilan claras y nada originales en todos los contendientes.

El Gobierno del PP tiene por delante la tarea de eliminar de la ciudad cualquier rastro de conflicto social -protestas vecinales en los cascos históricos de algunos barrios a raíz de la extensión de los parquímetros- en las calles y de terminar todas las obras que están en marcha. La más importante, sin duda, la reforma de la M-30.

El alcalde sabe que si antes de las elecciones -y está previsto que sea entre diciembre y febrero- los vehículos pueden transitar por la nueva autovía (calle), muy pocos recordarán las molestias causadas por más de tres años interminables de remodelaciones, zanjas, atascos.

El Partido Popular se puede encontrar, además, con que el PSOE le brinda una baza de cara a la campaña: en estos tres años, los socialistas han desplegado su artillería contra el caos provocado por las obras, contra el incumplimiento sistemático de normas en la reforma del río, contra la falta de un plan de movilidad, y, sin embargo, puede suceder que dentro de un año todas esas infraestructuras estén cerradas y en marcha y el centro, la Puerta del Sol, esté colapsado por una obra que Fomento (PSOE) no termina.

El alcalde tenía previsto, en septiembre de 2005, asistir a una inauguración cada 15 días. El ritmo se ha ralentizado. Hasta tal punto que el puente que une la Avenida de la Ilustración con la carretera de Colmenar funciona desde hace ya unos cuantos días pero, oficialmente, no existe. Quizá sea pura estrategia, para concentrar varios actos en pocas jornadas y abrumar al enemigo.

El alcalde, sin embargo, ha perdido fuelle en la ciudad. En la vida de la capital. No controla. Más bien descontrola y el ambiente le es hostil. Su política macro le ha impedido intervenir en lo micro. La noche, un mundo donde tomar la temperatura a Madrid, no lo quiere.

Si ha paliado algo su abandono de la gente ha sido gracias a la gestión de Ana Botella. Pero poco más. Al final esos despistes, el desprecio de lo pequeño, lo que puede pesar en la próxima contienda electoral.

Quizá en este último año se vea obligado a hacer guiños -la Noche Blanca lo será- para neutralizar el estado de nervios al que ha llevado a los ciudadanos. Necesitará acciones para demostrar que Madrid aspira a ser algo en Europa, y no sólo por inversión en hormigón.

La oposición lo tiene más complicado. Este será un año donde ni siquiera los presupuestos, fuente de eterna polémica, van a servir para criticar al Gobierno, porque, como es lógico, nada se tocará (al alza, se entiende) ni nada sorprenderá. Y si se sube alguna tasa, algún impuesto, será porque así lo marcan directrices del Gobierno central. El PSOE. Complicada pelea.

Es difícil adivinar por donde atacarán los socialistas a Ruiz-Gallardón.Lo mismo ocurre con IU. Máxime cuando las estrategias serán diferentes en función de los candidatos que se presenten.

Es previsible una repetición obsesiva de discursos: la tala de árboles, las obras prometidas y no realizadas -Santa María de la Cabeza y el cierre norte de la M-30-, la subida reiterada de impuestos (será real en 2007), la inexistencia de una política cultural que llegue a los distritos, el desequilibrio territorial, las rectificaciones permanentes en relación con los parquímetros...

Sólo hay un asunto que puede, al menos por un día, llevar la tregua a una guerra que ya ha comenzado: el inminente anuncio de que Madrid optará a celebrar los Juegos Olímpicos de 2016.Será un triunfo que el alcalde recomponga el consenso. Si lo hace, se lo apuntará.

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