La tuneladora del metrotrén ha alcanzado su destino bajo la playa de vías de El Humedal, en torno a la calle del Pintor Mariano Moré. Esto tiene un triple sentido. Por un lado, la máquina «Noega» ha realizado su trabajo limpiamente, sin daños en la superficie. Nuestras felicitaciones a los técnicos de la obra.

Pero, por otro lado, la perforación del túnel ha consumado la maniobra de Fomento y de la empresas ferroviarias -con el asentimiento del Principado y del Ayuntamiento- para que Gijón no cuente con una estación intermodal subterránea en El Humedal, sino con una fraudulenta, más alejada, en Moreda, y en superficie.

El tiempo servirá para comprobar que la eliminación de la barrera ferroviaria ha sido parcial, y que lo que en realidad se ejecuta es el traslado unos cientos de metros más allá de la muralla de la estación de El Humedal. La nueva muralla tendrá doscientos o más metros de longitud, y de cinco a ocho metros de altura. Gijón lo lamentará dentro de unos años, y durante mucho tiempo.

Es decir, el túnel ya perforado se ha consagrado como la coartada perfecta para pegarle el cambiazo de estación a la ciudad. Dada la exactitud del trabajo de la tuneladora «Noega», ahora demostrada, conjeturamos que el cambio de trazado del subterráneo -que inicialmente iba a desembocar en la misma estación de El Humedal- respondió a la necesidad de sustituir una estación más compleja en ese punto por otra menos ambiciosa en Moreda.

En tercer lugar, comprobamos que la tuneladora ha corrido más que el pleito ante la Audiencia Nacional, iniciado por los vecinos afectados por el túnel.

No obstante, todavía queda mucha obra. Falta la construcción de las estaciones intermedias y, particularmente, la de la Puerta de la Villa, que vendría a ser la nueva instalación céntrica para el tráfico de trenes de cercanías. Como tal, esperamos que acabe contando con las condiciones y el porte adecuados.