El diplomático español asistió a la inauguración de un museo dedicado al general Mizzian, que participó en la sublevación contra la República.

El embajador de España en Rabat, Luis Planas, asistió el pasado sábado a la inauguración de un museo dedicado a un prestigioso militar rifeño, que sirvió en el Ejército español antes, durante y después de la Guerra Civil (1936-1939). Ansioso de complacer con su presencia todo acto institucional que tenga alguna relación con España, a este diplomático español, acompañado por un representante de la agregaduría militar de la embajada, se le debió escapar algún dato biográfico del homenajeado.

Mohamed Mizzian, el militar cuyo museo fue inaugurado ese día en Beni Enzar, provincia de Nador, fue unos de los golpistas que protagonizaron el llamado Alzamiento Nacional contra la Segunda República española, en julio de 1936.

Según algunos datos, muy poco conocidos hasta ahora por los historiadores, en la noche del 16 de mayo de 1936 -dos días antes del inicio de la contienda-, el oficial musulmán Mohamed Mizzian se puso al frente de su grupo de soldados regulares camino de Tetuán, capital del entonces Protectorado español de Marruecos y feudo de la rebelión castrense.

Cuando Mohamed Mizzian pasó a la Península, unas semanas después, todos los militares fieles al Gobierno de la República habían sido fusilados, comenzando por el alto comisario -máximo representante de España en Marruecos- Alvarez-Buylla. En diferentes campos de batalla el joven oficial rifeño se comportó como todos los que participaron en esa fratricida guerra, tanto del bando nacional como del republicano: arrasó ciudades, bombardeó pueblos y aldeas y ordenó, sin que le temblase la mano, la liquidación de los rojos que no se habían rendido.

En su libro Mis conversaciones privadas con Franco, el general Francisco Franco, primo, tocayo y próximo colaborador del dictador, reproduce unas palabras de amistad y cariño que había pronunciado el Generalísimo hacia el único musulmán que alcanzó el rango de capitán general -de la región de Galicia- en toda la historia del Ejército español.

Después de la independencia de Marruecos, en el año 1956, Mohamed Mizzian prefirió regresar a su país de origen, aunque con nacionalidad española, y entrar a formar parte de la nueva milicia marroquí con el grado de mariscal, título que se concedió por primera y última vez. Nombrado posteriormente embajador de Marruecos en España, Mizzian era, según las confidencias del primo del caudillo en el citado libro, una de las rarísimas personas que podía acceder al jefe de Estado sin necesidad de tener una cita previa.

Mohamed Mizzian murió en 1975. Unos años antes tuvo un último sobresalto, cuando fue testigo del fracasado golpe de Estado de 1971 contra Hassan II, perpetrado por su yerno, el general Mohamed Medboh, a quien ajusticiaron sus propios hombres.

El sábado pasado, algunos responsables de la prensa marroquí, que acostumbran a tachar de franquistas a los políticos españoles cuyo discurso hacia Marruecos no agrada, parecían felices de inaugurar un museo que está dedicado a un verdadero y leal militar franquista.

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