Corporación Alimentaria Peñasanta (Capsa) –que comercializa la marca Central Lechera Asturiana- celebrará el próximo 16 de junio una importante Junta General de Accionistas, en la que deberá dilucidarse el futuro societario de la compañía, abocada a mantener una situación de obsolescencia que asfixia su modelo empresarial o a optar por convertirse en una sociedad anónima, como alternativa para afianzar su condición de líder en el sector español de lácteos.
En esa aspiración, Capsa choca con la voluntad de su socio principal, Central Lechera Asturiana. La actual dirección de Capsa, con su consejero delegado Pedro Astals a la cabeza, ha presentado un plan estratégico para desbloquear la situación que atraviesa la compañía, que de mantenerse desembocaría en un paulatino declive de la misma, que pasa por abordar políticas de expansión que permitan adquirir una dimensión suficiente para desenvolverse competitivamente en su sector.
El Plan Estratégico contempla la posibilidad de analizar y desarrollar operaciones de alianza, bien globales para el total de la compañía, bien sectoriales con otros agentes u operadores cualificados en las distintas áreas de mercado en las que actúa Capsa, según señalaron fuentes de la compañía. Una iniciativa considerada clave, no sólo por la necesidad de adquirir una dimensión que permita competir en los mercados nacional y europeo, sino porque es necesaria en un momento en el que el mercado español se reestructura.
Según el informe estratégico, la concentración que se está efectuando en un sector tan atomizado como en el que opera Capsa determinará que todo aquel que se quede fuera del proceso no solo perderá competitividad, sino que además se quedará “fuera de juego”. El plan de la dirección, sin embargo, no ha podido salir adelante por la crisis estructural en la que se encuentra inmersa Central Lechera Asturiana, heredera de una estructura de Sociedad Agraria de Transformación (SAT).
Capsa, que surge como consecuencia del desarrollo corporativo de la actividad industrial de Central Lechera Asturiana, se enfrenta a una situación empresarial en la que se ve obligada a competir en inferioridad de condiciones con el resto del mercado europeo, mucho más concentrado tanto en producción como en distribución, y a la atomización del mercado nacional. Pero los cooperativistas de Central Lechera Asturiana no están dispuestos a ceder el control del capital.
Por lo que respecta al resto de sus socios, el grupo lácteo francés Bongrain no tiene interés en convertirse en socio de referencia y parece dispuesto a vender su participación del 27%. Entre las cajas asturianas, que controlan un 16%, también hay diferencias. Por un lado, Caja Rural no tiene una política definida y practica el seguidismo de Central Lechera Asturiana. Así, la única dispuesta a jugar un papel dominante en la compañía es Cajastur, dispuesta en teoría a aumentar su participación accionarial. Pero en este punto choca con la voluntad de los cooperativistas.
La situación que atraviesa la compañía no puede ser menos optimista. Una vez superada la crisis económica padecida a principios de los 90, Capsa ha tenido una evolución continuada tanto en resultados como en cuota de mercado, que alcanzó su nivel más alto en 2003. Pero, a partir de esa fecha, su situación financiera se ha estancado y adolece de una pérdida de eficacia operativa que hace necesarias inversiones cada vez más cuantiosas en publicidad para mantener la cuota de mercado.
La caída de resultados amenaza el valor de la compañía, según dicen las fuentes consultadas, y esta situación, lejos de ser coyuntural, se muestra como consecuencia de la incapacidad de los socios de Capsa para abordar proyectos que puedan dar continuidad a la evolución de la empresa. La leche asturiana tendrá que decidir antes de las vacaciones qué modelo prefiere para ordeñar sus vacas.

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