Déjenme empezar esta crónica con un apunte personal. El martes pasado, ante un aula con un centenar de estudiantes de Periodismo, no pude salir de mi asombro cuando supe que no llegaban ni a la decena los alumnos que sabían con claridad que irían a votar el próximo 18-J. El resto dudaba entre quedarse en casa o participar, y de hacerlo, no tenían nada claro si tenían que votar sí o no. Pese a todo el ruido de los últimos meses, la opinión de los estudiantes era sorprendente. Sus dudas se sustentaban en que no se fiaban de nadie, ni del sí ni del no, y esperaban a la campaña para aclararse.
Pues bien, la campaña empieza el próximo viernes y el debate central de la política catalana sigue siendo si Pasqual Maragall se volverá a presentar o no. La realidad es muy tozuda y ha acabado dando la razón a aquellos que pedíamos una clarificación del president Maragall antes del 18-J para no convertir el referéndum en un plebiscito acerca de su persona. Basta sólo repasar la actualidad de esta última semana y se podrá comprobar como todo este debate ha sido suscitado desde las propias filas del PSC, y en algunos casos, por los principales afectados, Maragall y Montilla.
¿Por qué no se aclara la cuestión antes del 18-J? Cada uno tendrá sus razones. El entorno de Maragall confía en que el sí logre un gran resultado en el referéndum y de esta manera ello relance las opciones de su jefe.
Razones no les faltan: Maragall sigue siendo el líder más valorado en todas las encuestas, pese a todas las polémicas y dislates que ha podido haber en la legislatura. La mala imagen del tripartito no parece afectarle a él, que además saldrá en la noche del 18-J con su sonrisa gatuna para gritar con voz bien alta: Ja tenim l´Estatut, y los libros de historia dirán que lo consiguió él, después de 23 años de pujolismo. ¿Será eso suficiente? De momento, en el PSC y, por supuesto, en el PSOE, tienen muy claro que el candidato nació en Iznájar y se llama José Montilla.
Sin embargo, la tentación de Maragall de intentar convencer al PSC para volver a gobernar es muy grande, sobre todo cuando él piensa que en esta legislatura no ha podido hacer ni mucho menos lo que quería. Otra persona, en su misma situación, cogería los bártulos y se iría a casa. Ahí es nada: Juegos Olímpicos y Estatut. Pero Maragall no es así. Plantará cara hasta el final.
Por eso, a algunos nos ha sorprendido tanto que le fallen sus reflejos en la cuestión de la seguridad ciudadana. Primero, cinco días desaparecido, y cuando sale para decir algo afirma que en la Costa del Sol hay más robos. El alcalde Joan Clos, tan criticado por tibio en algunas ocasiones, reaccionó mucho mejor que Maragall, ante un problema que se puede considerar similar al del incivismo. Clos se arremangó y se puso delante del problema y, miren por dónde, no sólo no ha hecho más que subir en las encuestas, sino que ya no le buscan sustitutos.
Habrá que esperar. Pasarán los quince días de campaña, hablando sobre el futuro de Maragall, se sumarán los resultados, y entonces, según cómo, llegará el gran choque de trenes entre el president y su partido. El problema es que esta polémica, insisto, afectará negativamente al referéndum.
Debates sobre Carod Si el PSC todavía no sabe cuál será su candidato en otoño, ERC lo tenía claro, en teoría, hasta hace unos días. El liderazgo de Carod no se ha cuestionado nunca y sólo el debate interno suscitado sobre su propuesta de voto nulo político ha provocado que le quieran mover la silla. La aparición de una corriente crítica que plantea su sucesión por Joan Puigcercós es un secreto a voces. Este último no está, ni mucho menos, por la labor, y se está multiplicando en los últimos días para frenar que ERC vuelva a revivir viejas tensiones. Ahora: no descarten nada.
Zapatero y Catalunya El líder del PSOE tendrá una presencia muy activa en Catalunya durante la campaña del referéndum del 18-J, pero, en cambio, sólo vendrá una vez a tierras catalanas en la de las elecciones del otoño. Aunque el calendario no está cerrado, Zapatero quiere ceder todo el protagonismo a su candidato. Y la idea vale tanto si es Maragall, como si es finalmente Montilla.
Problemas en el Govern El PSC no puede sustituir a los últimos cargos de ERC porque vuelven a existir problemas entre lo que quiere Maragall y lo que desea el PSC. Ello afecta a cargos de Presidència como Enric Marín o Albert Royo, que hace ya días que ni pisan sus despachos y esperan que les nombren sustitutos. Marín se ha visto afectado por la campaña de promoción del Estatut, que ha tenido que bendecir aunque ya no estaba.
jjuan@lavanguardia.es

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