El plan de la empresa carbonera prevé la extensión de sus actividades por todo el tejido económico apoyada en el dinero del Estado.
EL acuerdo sobre el plan de empresa de Hunosa hasta el año 2010 queda magistralmente reflejado en la foto publicada en la edición del pasado jueves de este periódico en la que se ve sentado a la mesa a José Ángel Fernánez Villa, rodeado de sillas rojas y vacías, mientras es asistido por el presidente de Hunosa, Juan Ramón García Secades, que, inclinado junto al líder sindical, le indica con un dedo dónde debe plasmar su firma, mientras la otra mano la dedica a sujetar la chaqueta del traje para que no roce el brazo del líder y le estorbe al ejecutar la rúbrica. La escena es seguida, con respeto, por el presidente de la Sepi, Enrique Martínez Robles, mientras desde el ejército sindical que cubre las espaldas al líder se destaca un logrero que ensaya un gesto de ayuda para que el protocolo del acuerdo quede correctamente cumplimentado.
Es la foto de Hunosa, pero también es un trasunto de Asturias, porque representa un modelo laboral y económico que ha teñido de ideología a nuestra región. Hunosa es formalmente una empresa, pero en la práctica es una fortaleza sindical que tiene licencia para recibir inmersas cuantías de recursos a fondo perdido que sirven de sustento a todo un territorio. En Hunosa es todo discutible, menos el carácter público de la empresa, los números rojos del balance y la larga vida del invento.
Nada retrata mejor a Hunosa que los números. Unos años después de fundarse, la sociedad alcanzaba los 26.294 trabajadores y arrojaba déficit. Actualmente, a punto de cumplir los cuarenta años de actividad, sólo cobija 3.480 trabajadores, pero no enderezó su cuenta de resultados. Al finalizar el actual plan de empresa se espera que tenga 2.042 trabajadores y tampoco hay expectativas de superávit. Esta drástica reducción de recursos humanos no tiene relación directa con los parámetros de producción de carbón y los saldos de la cuenta de explotación. Veamos un ejemplo. En el presente, 3.480 mineros extraen 952.000 toneladas de carbón, mientras que al final del plan, 2.042 trabajadores producirán 860.000 toneladas.
En cuanto a la viabilidad económica de Hunosa, es un asunto que no está en estudio, porque la empresa es viable por definición. Otra cosa son las ratios económicas: extraer una tonelada equivalente de carbón cuesta 375 euros, pero cuando esa tonelada se vende en el mercado sólo se ingresan 65 euros. A más venta, más pérdidas. El 12 de octubre de 2005, el presidente de la Sepi, Enrique Martínez Robles, compareció en la comisión de Presupuestos del Congreso y justificó la provisión de 2.023 millones de euros para el funcionamiento de Hunosa durante el presente año.
Las cuentas descompensadas de la empresa siempre se justificaron por el carácter estratégico del carbón extraído. Es cierto que el carbón es un 'in-put' esencial en la dieta energética, muy bien distribuido geográficamente y con nuevas utilidades a partir del tratamiento en las plantas supercríticas de última generación. Pero Hunosa produce menos de un millón de toneladas de carbón, lo que apenas sirve para cubrir una pequeña demanda industrial. Si aumentara la producción, las pérdidas serían estratosféricas. Más del 80% del carbón que se quema en el parque termoeléctrico asturiano es de importación.
En la presentación del plan de empresa, se aludió a la estabilidad de Hunosa (no se va a cerrar ningún pozo), y el presidente, Juan Ramón García Secades, señaló que el único nubarrón es el reglamento europeo de ayudas al sector, que puede cambiar a partir del año 2010. Por lo demás, ningún problema: se crearán 872 nuevos puestos de trabajo. La empresa con mayores pérdidas de España, después de Televisión Española, se dedica a una contratación masiva de nuevos trabajadores. Pero lo más sorprendente fueron las declaraciones de Enrique Martínez Robles al asegurar que entre los objetivos de la Sepi no está privatizar Hunosa. ¿Y por qué la Sepi privatizó la siderurgia o gestiona la privatización de los astilleros civiles, que son menos gravosos para el Estado? Siempre nos habían dicho que la Sepi se había creado para privatizar el sector público empresarial, pero hay excepciones.
Diversificar y extender
Ahora bien, lo más espectacular del nuevo rumbo que toma Hunosa es la apuesta por la diversificación empresarial, a través de su filial Sadim Inversiones, que irá en pos del biodiésel, la biomasa, los ciclos combinados, la captación de CO2, etcétera. Se comprende la necesidad de generar empleo en las cuencas mineras, pero resulta dudoso echar mano de Hunosa, que se ha caracterizado por ser una máquina de perder dinero. La trayectoria de Sadim Inversiones, como herramienta de reactivación, no invita al optimismo, porque entre los años 1998 y 2003 creó un empleo por cada 13 que se perdieron en la mina. Por muchos recursos que se dediquen, el tiempo se encargará de demostrar que la reactivación de las comarcas mineras no llegará de la mano del entramado político-sindical del carbón.
Hay que distinguir entre los beneficios que trajeron los planes del carbón, con fondos para inversiones territoriales y unas generosas prejubilaciones que contribuyen decisivamente a mantener el nivel de consumo de la región, y la actividad económica sostenible. El prestigio y la capacidad de influencia de los sindicatos mineros han servido para que se realice un gran trasvase de recursos desde el Estado hacia Asturias. De ello se han beneficiado, en primer lugar, las comarcas mineras, pero también el conjunto de la región. No cabe negarlo. Ahora bien, esa consecuencia positiva ha venido acompañada de un discurso nocivo que se extiende por toda la región, consistente en la posibilidad de soslayar los costes económicos de la actividad productiva, en desplazar las pérdidas hacia la contabilidad de las administraciones y en sustituir las fuerzas del mercado por la gestión sindical y la decisión política.
Hunosa lleva 40 años haciendo pedagogía para la región, al demostrar que se pueden tener elevadas pérdidas y gozar de tanta estabilidad empresarial que hasta los burócratas de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales quieren que se dedique a múltiples actividades.

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