Al año del enojoso no francés, el proyecto constitucional europeo sigue empantanado. Y Barroso, presidente de la Comisión de Bruselas, es el primero en pedir una prórroga del tiempo de reflexión, hasta el 2008. El cortés anfitrión de las Azores, por lo visto, no lleva prisa. Espera tal vez a que la política de Washington se aclare, según sigan o no los bushistas en el poder. En suma, el ex primer ministro portugués se lo toma con calma.

Pero su compatriota y adversario socialista, el ex presidente Mario Soares, piensa lo contrario. Expresa una viva impaciencia ante la actual desorientación europea, cuando "nuestro mundo tiene la imperiosa necesidad de la Unión, de su equilibrio y de su humanismo universalista", según escribe en respuesta a la encuesta de Le Figaro.El proyecto de Constitución no ha muerto, afirma el gran luchador y estadista lusitano. Y, al tiempo que Finlandia y Estonia acaban de ratificar el tratado, recuerda que ya suman 16, sobre 25 los estados favorables al proyecto. Países pequeños, objetarán algunos lepenistas o izquierdistas radicales. Sí, pero no se olvide que fueron tres pequeñas naciones, englobadas en el Benelux, las que dieron un primer gran impulso a la Comunidad Europea.

A este propósito, el luxemburgués Jean-Claude Juncker protesta contra la idea de Sarkozy de que sólo los grandes países deban tener la palabra sobre los nuevos pasos adelante comunitarios, cuando los pequeños fueron junto a los grandes arquitectos pioneros.

Juncker, que también ha participado en la citada encuesta del diario conservador parisino, señala la importancia que revestirá el semestre alemán. La gestión de Angela Merkel puede sacar del atolladero, en junio del 2007, el proyecto constitucional y acordar el camino que seguir. Insiste, además, en la vigencia de la imprescindible solidaridad franco-alemana, entre los grandes protagonistas de la Unión. Cree que Francia conserva su rango, a pesar de haber "perdido fuerza de atracción europea".

Aquí encaja el nuevo llamamiento a la cordura de Giscard d´Estaing. El ex presidente de Francia que se reveló el más leal intérprete del ideario de Jean Monnet, creando el Consejo de Europa, cree ahora llegado el momento de que su país repesque el texto constitucional. En una entrevista concedida a The Financial Times, Giscard, que presidió la convención autora del proyectado tratado, pide una segunda oportunidad: "Los pueblos tienen derecho a cambiar de opinión. Si hubiéramos escogido el voto parlamentario, la Constitución hubiera sido adoptada. Lo que falló fue el método".

Noes el caso de España, ni de Portugal, donde que ganaron el sí. Una afirmación ibérica, muy mayoritaria en Catalunya. En este terreno, nuestros países han ganado en autoridad y, aunque todavía les quedan algunos objetivos esenciales por cubrir para igualarse con los grandes, como en materia de educación, son hoy firmes defensores de la Unión y partidarios de echar adelante, ya.