Cuesta remontarse visualmente al año en que el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona, el CCCB, engendró a OVNI, l'Observatori de Vídeos No Identificats, 14 años atrás. Era pre Gran Hermano, pre telerrealidad y pre páginas web como youtube.com, en las que colgar libremente y sin censura vídeos, música y todo lo que pueda codificarse en bits. Era en la que el videoarte, sinónimo de exclusividad y de lo experimental, avanzaba marcado por cada nuevo efecto digital que se descubría. «Acceder a la información, producir videoarte y difundirlo era difícil en una ciudad como Barcelona, no existía un circuito que no dependiera del mundo del arte, en el sentido cerrado de la palabra», explica el artista Toni Serra, que al volver de Nueva York se encontró con que aquí se estaba forjando un discurso independiente, diferente al de la industria del cine. Él, Joan Leandre y Rosa Llop montaron entonces estos archivos con el fin de «facilitar la crítica de la cultura contemporánea utilizando diversas estrategias: videoarte, documental independiente o arqueología de los mass media».

El germen estaba ahí, y el CCCB atravesaba un momento en el que se podía permitir ciertas apuestas independientes. Porque su director, Josep Ramoneda, las apoyó, y porque la atención estaba focalizada en el flamante vecino que acaba de abrir, el Macba.Así que OVNI nació «sin intervenciones, con un presupuesto independiente y una política de autogestión» desde el primer día, explica Serra.

Desde entonces, y como una hormiguita, OVNI recoge y apila todos los documentos de vídeo de discurso independiente que se generan en todas las partes del mundo, los digiere y almacena. Cada 18 meses, se organiza una muestra bajo un leitmotiv más o menos aglutinador y, desde 1997, trabaja como archivo abierto a todo aquel que quiera consultar algunas de las ya más de 1.400 piezas de vídeo que atesoran. El archivo se encarga de comprar las obras que quiere exponer, digitalizarlas, subtitularlas y hacerlas consultables al gran público. Si en 1997 el tema escogido fue Identidad versus media, en 2000 fue el concepto de comunidad, en 2002 la globalización y el de 2003, Post Sept 11.

De momento, los que más se acercan a hurgar en este babel de imágenes y lenguas son artistas, universitarios, periodistas e investigadores, pero el proyecto de llevar el archivo a la red para acceder a él on line acabará de derribar las vallas que puedan existir para el gran público. La periodicidad de OVNI, cada año y medio, está escogida así para desmarcarse de la dinámica de concursos. El año y medio propicia un periodo de reflexión.Y no les importa rescatar producciones que no sean novedad: «Incluso algunas cosas de 1930, si son válidas hoy en día».

El nexo vertebrador de las obras, según Serra, es que «ninguna reivindica una objetividad. Es la suma de diferentes subjetividades, de distintos polos de visión, desde un travesti de Hezbolá al testimonio de alguien que ha superado una crisis nerviosa con vídeos de jardinería. Es una muestra de que dos y dos no son cuatro, de que todas las voces son válidas». La idea no es someter a los que exponen sus creaciones a un jurado, «una estructura piramidal» que decida quien es el mejor. Por eso, en OVNI pagan a todos los artistas que exponen su trabajo.

Hoy se asume la democratización de los medios. ¿Quién no tiene una cámara digital con la que registrar su mirada sobre la cotidianidad? Eso provoca cambios. Cualquiera puede expresarse, cualquiera puede generar discurso, incluso los colectivos más invisibles u oprimidos. Los papeles se invierten, los olvidados adquieren visibilidad, ya sea un niño enganchado al pegamento en los suburbios de Teherán o el bus de Leo Bassi denunciando contracorriente los intereses especulativos detrás del Fòrum de les Cultures, por poner un ejemplo.

El leitmotiv de la próxima edición es el nuevo colonialismo.Lo de siempre, los buenos salvan a los malos de la estupidez en la que vivían hasta su llegada. La reflexión se hace inevitable en un panorama post 11-S y en plena guerra de Irak. «Vuelve la idea de que solo existe una línea de progreso, de que cada cultura debe tener a su Voltaire que alumbre a la sociedad. Es algo insoportable a poco que se reflexione sobre ello. Y está pasando, se está retomando el colonialismo del siglo XIX, con ligeras pero no muchas variaciones en los protagonistas. Mira el racismo, que vuelve a estar de moda. En el fondo, es el etnocentrismo que ha estado siempre ahí, latente, camuflado de supuesta libertad y de progreso».

Serra, además, habla de las zonas autónomas que aparecen aquí, al lado nuestro y no siempre lejos, en Oriente, en la otredad.«Donde hay una luz, hay una sombra. No hace falta irse muy lejos, igual que existe la macroescala, está el nivel local. La violencia inmobiliaria es uno de los ejemplos más llamativos». ¿Ejemplos? Un puñado, y gratis, en OVNI.