La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

27 Mayo 2006

De las cosas que importan, de Imma Monsó en La Vanguardia

Nuestra existencia está más cerca del mercado de valores que del encuentro con un amigo. Debemos confrontarnos permanentemente con un límite impuesto entre nuestra interioridad y exterioridad. Este límite es el dinero". Esta verdad como la copa de un pino es parte de un texto que aparece en el sitio del colectivo Espai en blanc.Como ya comenté en su día, este colectivo decidió a principios de temporada abrir sus encuentros entre amigos al público en general. El primer jueves se habló del malestar social, entendido como ese sufrimiento social silenciado, reducido a la intimidad de cada uno. Un sufrimiento que ha perdido las vías de expresión colectivas (políticas y sociales) que tenía hasta hace veinte años. Se habló de la soledad a la que se nos trata de condenar, de los dispositivos que tratan de silenciar ese sufrimiento encauzándolo hacia el ámbito privado donde nuestra angustia es objeto de psicologización y de patologización (ése es tu problema, ésa es tu enfermedad).

Se habló también de la relación de ese malestar social con la violencia.

Sí, esa violencia de la que tanto se habla esta semana en los debates televisivos, pero cuyas causas profundas hemos conseguido ignorar hasta ahora.

En los jueves sucesivos, se ha hablado de temas diversos, pero todos ellos en la línea de la que habían partido: la constatación generalizada de que el destino de cada cual ya no tiene que ver con el destino de los demás, y el deseo de que eso cambie. Anteayer tuvo lugar el último encuentro: Tomar la palabra.Buena cosa, que en la última jornada, se recordara esta verdad tan continuamente olvidada: que tomar la palabra no consiste en convertir un encuentro en un opiniódromo. Que tomar la palabra es expresar perplejidad ante algo que nos asombra y de lo que queremos hablar. Sin embargo, demasiado a menudo tomamos la palabra sólo para dar testimonio, para decir lo que ya sabemos, para armar ruido. Demasiado a menudo tomamos la palabra en vano.

Y en fin, los resúmenes siempre son traicioneros, y nada más lejos de mi intención que recuperar sus palabras bajo la forma de fórmulas manidas para integrarlas en un discurso codificado. Yo misma, en el momento en que escribo estas líneas, me pregunto cómo hablar de sus deseos transgresores sin traicionar su discurso (que pretende ser fresco y en permanente construcción). Resulta difícil y hasta paradójico hacerlo desde un medio como éste, un medio de comunicación de gran potencia y plenamente inserido en el sistema que ellos denuncian. Por ello, me limito desde aquí a airear su sana iniciativa, y a celebrar que en una sociedad en que el talento y el tiempo suelen destinarse a menesteres más lucrativos, exista un lugar alternativo donde se trate de dar salida colectiva al malestar creciente que nos coloniza. Un lugar que pretenda dar cabida a todos aquellos que se sienten exiliados en una vida que cada día nos pertenece menos. El interés generado ha dejado claro que existe la necesidad de un espacio donde tomar la palabra y escucharla más allá de los confines de nuestra pequeña (¡pero, ay, tan cómoda!) habitación privada. En cualquier caso se ha intentado, y en parte conseguido, algo que aunque parezca simple es cada día más raro y más difícil en el mundo que nos rodea: hablar de las cosas que importan.

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Lector de artículos de opinión, sobre política y economía, que cree que este mundo podría tener arreglo si dialogásemos más

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