El señor presidente del Gobierno de Asturias, posiblemente llevado por un impulso grandón mezclado con una tendencia covadonguista tan querida en algunos sectores de nuestra comunidad, ha decidido proveer de una cantidad considerable de euros, cuya cantidad desconocemos -a lo mejor por prudencia y a lo peor por vergüenza- a la jerarquía eclesiástica asturiana a través de una serie de actuaciones en Covadonga.

Esta aportación seguramente multimillonaria les viene muy bien a Osoro, Berzosa y compañía, en un momento en el que la Conferencia Episcopal quiere empezar a discutir con el Ministerio de Hacienda la nueva aportación del Estado a la Iglesia, ya sea vía IRPF o a través del dinero aportado por el primero para mantener a los segundos, no olvidemos que estas aportaciones se usurpan del erario público, que podría destinar ese dinero a otras actividades con un carácter más de solidaridad internacional, vía ONG o de aportaciones a lo público, que bien necesitados estamos.

En fin, Rouco y sus hermanos en la fe ya no se conforman con el 0,53% del IRPF, sino que quieren subir su contribución al 0,8%, que no sé si llegará, ya que las aportaciones de los fieles van descendiendo de forma continua e irreversible. Por ejemplo, en 1993 los que pusieron la cruz, y nunca mejor dicho, en la casilla de la Iglesia fueron un 42,73%; en el 2002, el 34,32%, y bajando.

Probablemente la Conferencia Episcopal debería pedir más tanto por ciento para cubrirse las espaldas en caso de una espantada generalizada de los «fieles» contribuyentes, ya sea vía IRPF o vía por narices, que para ellos es lo mismo; no nos olvidemos de que el hecho de que la Iglesia no pague el IVA ha recibido ya la petición de la UE -mejor dicho, la exigencia o la obligación- de pagarlo; pero, hasta aquí, que la Conferencia Episcopal ha descubierto, con la aportación de Portugal, que ya lo aprobó, que la solución al problema era sencilla: que lo pague el Estado español y todos tranquilos. Mejor dicho: ellos tranquilos, que se retraigan inversiones en el sector público, léase educación, sanidad, etcétera, para poder pagar a la institución más poderosa del globo, en lo político, económico y social, o por lo menos a una de las más poderosas, en resumen, una Multinacional de Dios, con todos los respetos a los cristianos de base, pero la realidad es la que es.

Probablemente el señor Areces, influenciado por la bajada de pantalones del presidente del Gobierno ante la patronal de los colegios de las instituciones católicas, la Conferencia Episcopal y demás asociaciones vinculadas al fundamentalismo religioso y a la extrema derecha, como el Foro de la Familia y engendros así (por cierto, hace poco apareció en la prensa la posibilidad remota de que Benigno Blanco pudiese ser el candidato a la Alcaldía de Gijón por el PP; si así fuese al final, espero que le expliquen al señor Blanco que no son elecciones por el tercio familiar, que en el Estado Español se ha instaurado, desde 1977, un régimen democrático y que, por tanto, ya no existe la «democracia orgánica» o la dictadura de los cementerios y las cárceles (vaya así mi pequeña contribución a la clarificación de ideas en alguna gente del PP). En fin, como decía, influenciado por la claudicación del señor Zapatero en la LOE, verdadero atentado contra la enseñanza pública, haya visto la oportunidad de poner su granito de arena y ver si así puede hacerse olvidar su pasado comunista y algún día, que yo espero que sea muy lejano -lo cortés no quita lo valiente- pueda llegar al Reino de los Cielos, versión covadonguista, donde poder aposentar sus reales.

Pero no contento con sembrar de dinero la Iglesia asturiana, el señor Areces lanza una idea genial, a saber: convertir Covadonga en un centro mariano de fama internacional. La idea así planteada no merece mucha reflexión, pero me parece que para poder competir con Lourdes o Fátima, centros marianos por antonomasia, lo vamos, mejor dicho, lo va a tener difícil, sobre todo porque para ser un centro mariano de referencia es condición imprescindible una aparición de la Virgen, y no valen las de Arrabal o Pitita Ridruejo, y/o un milagro. Y que conste que el milagro de que Ovidio Sánchez gane unas elecciones, aunque sea en su comunidad de vecinos, tampoco vale. Aunque en realidad eso sí que sería un milagro y no lo de los panes y los peces.

Ante esto, yo creo que el señor Areces tiene un grave, un gran problema, pero mientras tanto, como vivimos en una comunidad sobrada de dinero; como todos sabemos que Asturias no ha vivido un feroz reconversión, ni tiene una alta tasa de paro, ni una precariedad galopante en el mercado laboral, ni una profunda crisis industrial marcada por dos vectores claves: por un lado la ausencia de una burguesía asturiana con capacidad para invertir, y por otro, la entrega de la economía asturiana a las multinacionales depredadoras; como no tenemos ningún problema con la sanidad, ni con la educación, ni con las infraestructuras, en fin, vivimos en el mejor de los mundo posiblesÉ pues eso, nos podemos permitir el lujo de regalar a la Iglesia asturiana una generosa lluvia de euros, ¡Será por dinero!.

Guillermo Miranda Álvarez es responsable de organización de IU Gijón