Todo pasa y nada queda... en la memoria, de Carles Sans en El Mundo de Cataluña
Aquellos que, como yo, llevan años siguiendo las noticias que se emiten por televisión, escuchando las que se difunden por radio o leyendo los periódicos, probablemente habrán reparado en el interesante fenómeno por el cual los medios de comunicación deciden darle mayor o menor atención a un suceso en función de la repercusión popular que vaya teniendo dicho acontecimiento.Este planteamiento, que tiene su lógica, conlleva, sin embargo, una reflexión acerca de lo pasajero que en los medios de información resultan los acontecimientos que suceden a diario y, en consecuencia, la fugacidad con que transcurren por nuestras memorias.
Hechos que durante un período de tiempo han ocupado la atención de todos nosotros desaparecen de nuestra retentiva en función de la importancia que les supongan los medios encargados de publicarlo.Un acontecimiento será de interés mientras genere noticias; de lo contrario, el caso perderá fuerza y, poco a poco, irá desapareciendo de los medios y del interés de los ciudadanos, a excepción de la de los afectados que seguirán sufriendo por lo sucedido. Mientras tanto, la opinión pública habrá decidido fijar la atención en otros acontecimientos de portada, que, a su vez, más tarde o más temprano serán sustituidos por otras noticias que también pasarán a ocupar su lugar.
Hoy en día el que muera gente en Irak por un atentado terrorista no pasa de ser una noticia secundaria en cualquier informativo de radio o de televisión. ¿Quién se acuerda de las matanzas de hutus y tutsis que hace unos años nos horrorizaron? ¿Y del terrible Tsunami que acabó con la vida de cientos de miles de personas? Recuerdo que se habló de la Guerra de los Balcanes mucho mientras se desarrollaba; sin embargo, al poco de acabar, ya casi no se hablaba de ella y, sin embargo, los crímenes y los horrores continuaron produciéndose durante mucho tiempo
En estos días no se habla en España de otra cosa que de la masiva estafa presuntamente cometida de dos entidades financieras a un numeroso grupo de inversores. Es lógico que así sea, ya que la envergadura del engaño es de considerables proporciones. Sin embargo, auguro para esa noticia pocos días más de protagonismo: los medios saltarán a otra cosa, porque siempre hay otra cosa.Por suerte o por desgracia, casi siempre acaece un suceso que deriva la atención de los medios, dejando atrás lo que tanto nos ha interesado hasta el momento.
Vivimos tiempos de consumo desenfrenado de todo aquello que se pueda consumir, incluso de noticias.
Lo decepcionante de nuestro comportamiento es que de cualquier acontecimiento, por luctuoso que éste sea, sólo tenemos curiosidad por sus detalles, y nos olvidamos de todo en cuanto aparece otro sucedido que nos llame más la atención, sin reparar apenas en que detrás de cada suceso quedan los damnificados que, en el mejor de los casos, tardarán mucho tiempo en sobreponerse.
