Responsables políticos y expertos, sean europeos o estadounidenses, son aficionados a disputar sobre asuntos estratégicos. Sin embargo, se muestran unánimes sobre una cuestión.
Europa cuenta con todos los atributos y cualidades del poder. El único que le falta -y es inmenso- se refiere al criterio por el que se mide la potencia estratégica. Suele estimarse a Europa como gigante económico y poder estratégico, si bien carece en este terreno de una autonomía efectiva respecto de los norteamericanos. Con vistas a justificar un estado de cosas que se juzga deplorable, los gobiernos de distintos países europeos suelen invocar la actitud e inclinación de sus respectivas opiniones públicas, escasamente dispuestas -a su juicio- a invertir los esfuerzos necesarios para ponerle remedio. Un sondeo efectuado por el Instituto Ipsos para la corporación europea EADS en cinco países europeos acaba de desmentir esta afirmación.
En este ámbito, las opiniones van muy por delante de los gobiernos. En un sondeo realizado en Francia, Alemania, Gran Bretaña, España e Italia sobre una muestra significativa de 5.000 personas, a la pregunta: "A su juicio, ¿debe hallarse Europa en condiciones de decidir por sí sola la utilización de sus fuerzas armadas sin el apoyo de Estados Unidos?", un 80% de los encuestados responde sí. Hace cinco años no era más que un 70%. Indudablemente, Francia arroja el porcentaje más elevado de respuestas positivas (un 87%), aunque Alemania (84%), Gran Bretaña (83%) y España (78%) no le van a la zaga. Italia (66%) es el país más renuente a proceder sin contar con los norteamericanos. A la pregunta: "¿Cree usted que es deseable una política de defensa común?", un 82% de los europeos reponde sí, de ellos el 90% en Alemania, el 83% en España y sólo el 75% en Gran Bretaña. Mientras se sigue pensando que los contribuyentes/ electores quieren reducir el capítulo de gastos militares, lo cierto es que un 50% de los europeos desea que se mantenga, mientras que un 28% desea que aumente, contra un 16% que desea que disminuya. Plenamente conscientes de vivir en un mundo peligroso, los europeos están dispuestos a hacer los esfuerzos económicos necesarios para impedir que triunfe y prospere la preligrosidad. Entre los peligros que acechan a Europa, el 67% de los encuestados reseña el terrorismo internacional como el primer factor de amenaza, seguido de la proliferación de armas de destrucción masiva (65%), del auge de los extremismos (62%) y -elemento inédito- los conflictos relativos a los recursos naturales (53%). Un 53% de los europeos juzga, por otra parte, que las amenazas que se ciernen sobre la paz y la seguridad en el mundo son actualmente más importantes que hace un año. Sólo un 4% piensa que los peligros son menores. Los europeos justifican el empleo de la fuerza armada para prestar ayuda humanitaria en caso de catástrofe natural (96%), defensa del territorio nacional (92%),operaciones de pacificación bajo los auspicios de las Naciones Unidas (84%) y protección de la ciudadanía (79%). Los europeos están convencidos de poseer los medios de dotarse de una capacidad de defensa y tecnología susceptible de permitirles, dado el caso, adoptar la decisión de ordenar la intervención de sus fuerzas armadas sin el apoyo de Estados Unidos (65%): los dos países en cabeza al respecto son Francia (75%) y Gran Bretaña (73%), mientras que Italia vuelve a estar en la cola (47%).
Esta tasa de respuesta positiva alcanza un 67% en Alemania y un 57% en España. Por último, cuando se pregunta si una política europea autónoma de defensa es esencial y deseable, un 82% de los europeos responde que sí. Tal sentimiento es más intenso en Alemania (90%), seguida de España (83%), Francia (82%), Italia (78%) y el Reino Unido (75%). Tan sólo un 4% de los europeos juzgan que tal política es inútil y carente de provecho. En consecuencia, no son los ciudadanos europeos quienes frenan la Europa de la defensa, sino - de largo- sus gobiernos. Las opiniones públicas -tanto sobre esta cuestión como sobre otras varias- van por delante de sus dirigentes. Los ciudadanos son conscientes de las apuestas y desafíos estratégicos planteados. Son conscientes del aumento de los peligros aunque no depositan plenamente su confianza en Estados Unidos para su protección. El unilateralismo norteamericano les preocupa igualmente y consideran que una fuerza autónoma puede protegerles de forma más eficaz.
PASCAL BONIFACE, director del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas, París
Traducción: José María Puig de la Bellacasa.

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