Puede haber cierta contradicción entre afirmar que el proceso de paz tiene bases sólidas --sería mejor que todos hablaran de desaparición de ETA-- y la afirmación de que el proceso va a ser largo y difícil. Pero esa misma contradicción puede permitir y hasta obligar a todos los partidos políticos a actuar en estos momentos con sensatez: porque el reconocimiento de la dificultad indica que hay peligros y que ETA no merece ninguna confianza, y el reconocimiento de la solidez de las bases indica que hay esperanza porque el Estado ha hecho sus deberes.

A pesar del discurso de la soledad del Partido Popular todos sabemos que lo que importa en estos momentos es que el PP sea sensato en el sentido apuntado: que actúe sabiendo que hay peligros, que los indique, que no los oculte, que sea crítico, pero que no lo haga intentando ahogar la esperanza. La sensatez no obliga a cerrar los ojos. La sensatez no obliga a olvidar los riesgos. La sensatez no obliga a ocultar los posibles errores que se puedan producir. Lo que exige es no ahogar innecesariamente la esperanza y no distorsionar la palabra del Gobierno.

Cuando Zapatero afirma en Barakaldo que en junio va a comunicar a los partidos políticos el inicio de conversaciones con ETA, no está diciendo que va a preguntar a ETA qué es lo que exige como precio político para dejar de matar. Eso es algo que está expresamente excluido en la resolución del Congreso, y excluido también por el Gobierno. El inicio de conversaciones con ETA solo se va a producir en situación de alto el fuego, un alto el fuego cuya persistencia parece real, aunque nadie debe minimizar las manifestaciones de ETA y Batasuna de las últimas semanas. Los discursos políticos, también los de consumo interno, son hechos: ETA habla cuando actúa y actúa cuando habla.

Las conversaciones que el Gobierno va a iniciar con ETA solo pueden versar sobre armas y presos: ofrecer a ETA, sin quebrar la legalidad, una perspectiva temporal en la que todos los presos puedan salir de la cárcel siempre que ETA demuestre previa y fehacientemente que desaparece definitivamente, para lo cual el símbolo de la entrega de armas no es nada desdeñable. En esas conversaciones no se puede hablar del futuro de Euskadi, y el presidente del Gobierno lo ha dicho así reiteradamente. La sensatez exigible a todos, especialmente al PP, implica no distorsionar las intenciones del Gobierno y de su presidente. Lo cual no significa que el PP deje de ser crítico cuando, por ejemplo, Moraleda rebaja el valor de la entrega de armas y dice que basta la voluntad: ¿solo manifestada en palabras que, cuando son de otro contenido, no deben ser tenidas en cuenta?

DENTRO DE la sensatez nadie impide al PP que exija, como lo está haciendo el presidente del PNV, que se establezca la mayor distancia temporal posible entre las conversaciones del Gobierno con ETA restringidas a lo citado, y las negociaciones entre los partidos políticos para discutir sobre el futuro de Euskadi. Nadie puede ni debe impedir en nombre de la sensatez que el PP critique el modelo de las mesas, que el PP reclame que esas negociaciones sobre el futuro de Euskadi se ubiquen en el Parlamento vasco --yo también lo apoyaría--. Nadie puede ni debe impedir que el PP diga que el punto de partida para esas negociaciones es el actual Estatuto, que no se puede ir a un nuevo marco político, que solo es posible una reforma del actual marco sin romper su fundamento, el acuerdo entre diferentes. También lo hace el PSE.

El PP puede afirmar que en el espacio constitucional español no cabe el derecho de autodeterminación. También lo ha dicho el presidente Zapatero. Puede exigir del presidente que explique si su afirmación de que es posible ensanchar la legalidad tiene algo que ver con introducir por la puerta de atrás lo que se niega por enfrente. Puede el PP incluso decir que no está de acuerdo con la idea de introducir en el preámbulo de la Constitución una referencia a las víctimas: porque el mejor homenaje, el realmente necesario, no es ni siquiera el que no haya más muertos como dicen algunos, sino que la razón que sirvió a ETA para asesinar no sea la razón que fundamente e inspire el futuro político de la sociedad vasca.

Puede, si quiere, criticar la afirmación de Zapatero de que sin violencia todas las ideas son defendibles en democracia, porque las ideas de ETA, las que sirvieron para asesinar difícilmente pueden ser legítimas en una sociedad que ha sufrido el asedio del terrorismo.

PERO TODO ELLO sin poner en duda de que si ahora todos hacemos bien las cosas, ETA puede desaparecer para siempre. Sin minimizar las dificultades. Sin bajar la guardia. Exigiendo que la desaparición de ETA sea completa: que no sobreviva en el futuro político lo que ha sido el fundamento y el núcleo del proyecto político de ETA. Tiene el principal partido de la oposición suficiente trabajo para mantener viva la mirada crítica como para optar por la senda fácil y cómoda de colocarse al margen del camino. Hacer oposición es bastante más difícil que la cómoda posición de sospechar de todo, de adjudicar al adversario las peores intenciones. La sociedad española, incluida la vasca, necesitan el trabajo crítico del PP también en este proceso de desaparición de ETA. Pero el trabajo y la crítica. No la insensatez de la negativa total. Exigiendo toda la información necesaria. Reclamando de vuelta la lealtad que se le exige.

Y sería bueno que ningún partido se apropiara de la palabra paz. Para favorecer que todos entren a apoyar el cometido de Estado. Aunque el mismo PP, colocándose en la posición que lo hace, es el que facilita que la paz quede en manos de todos los demás.

JOSEBA Arregi. Exdiputado del PNV y presidente de Aldaketa (Cambio para Euskadi).