Hasta el momento, ningún diario de referencia ha expresado una opinión articulada en torno a las posibilidades reales que el nuevo Gobierno iraquí tiene de revertir la dramática situación de aquel país. Pero varios aportan análisis sobre distintos aspectos de la cuestión que indican que las perspectivas son menos halagüeñas que las trazadas por George Bush y Tony Blair. "La incapacidad del primer ministro, Nuri al Maliki, para cubrir los ministerios clave de Defensa e Interior --escribe Steve Negus en FINANCIAL TIMES-- indica que los problemas políticos permanecen en lo que parece ser una competición de suma cero entre las distintas comunidades. ... El proceso de negociaciones ha llevado a que algunas carteras hayan caído en manos de partidos a cambio de su apoyo, reforzando así las acusaciones de que el nuevo Gobierno, al igual que sus predecesores, será una amalgama de feudos sectarios".
THE NEW NORK TIMES publica un largo informe, firmado por Michael Moss y David Rohe, que concluía lo siguiente: "Poco después del caos que supuso la invasión del 2003, el Pentágono inició el proceso de reconstrucción de la policía iraquí. ... Tres años después, la policía es una fuerza golpeada y disfuncional que ha contribuido a colocar a Irak al borde la guerra civil. Las unidades de policía son acusadas de actuar como escuadrones de la muerte al servicio de los poderosos grupos políticos o para su propio beneficio. Los ciudadanos, que no confían en ellas, están creando sus propias unidades vecinales de seguridad".
"Entre los mayores desafíos de la ocupación figura el de crear instituciones locales reales en los bastiones de los insurgentes", ha escrito en THE WALL STREET JOURNAL, Philip Shishkin, desde Samarra. "En esta ciudad, las tropas norteamericanas están tratando de crear un Gobierno viable y una fuerza de policía, dos requisitos imprescindibles para evitar que la retirada norteamericana suponga la entrega del poder a los insurgentes".
Pero el anuncio de que algo parecido al comienzo de una retirada podría ser inminente, de ser ciertas las indiscreciones de funcionarios del Ministerio de Defensa británico, aparecía el domingo en THE SUNDAY TIMES: esas fuentes aseguraban, en efecto, que, al término de una reunión "sorpresa" que ambos líderes celebrarán la semana que viene en Washington, Blair y Bush anunciarán el inicio de una "transición" en Irak que conllevará un "redespliegue" de las tropas. Antes de que termine el año, "varios miles" de soldados británicos volverán a casa y el contingente norteamericano perderá 30.000 unidades respecto de las 130.000 actuales. Blair y Bush, ambos necesitados de árnica política para frenar su creciente descrédito en la escena interna, argumentarán, muy posiblemente, que la creación de un Gobierno iraquí surgido de un Parlamento democrático justifica tal decisión.
Pero ya se han alzado voces contra tal eventualidad. En su editorial, THE TIMES ha dicho: "Del nacimiento del nuevo Gobierno no se ha de derivar una retirada de las tropas que animaría a los insurgentes". Y esto ha declarado Henry Kissinger a LE MONDE: "Una retirada apresurada de Irak sería una pesadilla para todos".

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