La Bolsa pierde en siete días lo ganado en cinco meses y algunos analistas dicen que lo peor está por llegar, de Eduardo Segovia en El Confidencial
La ‘corrección técnica’ ya es algo más que eso. Los inversores que han seguido las recomendaciones mayoritarias de los analistas de conservar la calma y no vender, o incluso de aprovechar la caída de la semana pasada para comprar, volvieron a perder con fuerza ayer. El Ibex 35 perforó los 11.000 puntos con un nuevo batacazo del 2,84%, hasta 10.950,2 puntos, su nivel más bajo desde el 26 de enero.
La pérdida acumulada desde el 9 de mayo, cuando comenzó el desplome, alcanza ya el 9,38%. Se trata de la mayor corrección desde la vivida en vísperas de la guerra de Iraq (enero-marzo de 2003). Con esta nueva caída, está a punto de perder todo lo ganado en 2006, que se ha reducido al 2,02%. De hecho, el EuroStoxx 50 ya está por debajo del cierre del año pasado, al igual que el Nasdaq y el Nikkei japonés.
Todo esto confirma los malos presagios que lanzaban algunos analistas: la pérdida de importantes soportes en los principales índices anunciaba una mayor corrección, que puede ser mucho mayor de la que hemos visto hasta ahora. Por ello, cada vez más inversores han perdido la confianza en una recuperación más o menos inmediata y están deshaciendo sus posiciones a toda prisa.
“No hay pánico, pero sí desconcierto y mucha rabia porque se ha perdido en siete días lo que se había ganado en cinco meses”, explica Antonio Pérez-Siguero, director comercial de la firma de asesoramiento Tressis. Este experto incide en el gran problema con el que se encuentran ahora muchos inversores: “La caída ha sido demasiado rápida y ha pillado a todo el mundo desprevenido, así que es demasiado tarde para vender”.
Por eso, cada vez más analistas empiezan a recomendar aprovechar el rebote que se tiene que producir tarde o temprano –la sobreventa provocada por el desplome es brutal– para deshacer posiciones a un precio mejor que el actual. No obstante, el discurso dominante sigue siendo el de que la caída no puede ir mucho más lejos y que se puede aprovechar para comprar, aunque los analistas se han vuelto más prudentes y aconsejan esperar a niveles un poco más bajos que los actuales: los 10.800 puntos del Ibex o los 1.250 del S&P 500.
Las fuertes ganancias acumuladas en los últimos meses juegan en contra del mercado. No es lo mismo el que viene invertido desde los 7.500 puntos en que estaba el Ibex en agosto de 2004 que el que se ha incorporado en los últimos meses con el índice en las cercanías del 12.000. Los primeros son los que se han salido violentamente del mercado en las últimas sesiones, y las firmas de valores reconocen que se trata de “manos fuertes”, es decir, de grandes gestores, que son los que mueven las cotizaciones.
Wall Street empieza a tomárselo en serio
Los que más saben de mercados, aunque sólo sea por la experiencia acumulada, son los estadounidenses. Y allí empiezan a cuestionarse seriamente el escenario. Según recogía ayer el Wall Street Journal, está cundiendo la idea de que la corrección puede alcanzar fácilmente el 10%, y algunos analistas empiezan a hablar de una caída superior al 20%. En EEUU, una caída de entre el 10% y el 20% se considera una “corrección”, pero si supera ese nivel se califica de “tendencia bajista cíclica”, es decir, de orden inferior a la tendencia bajista principal que comenzó en 2003. Eso significa que, aunque el mercado caiga en esa proporción, seguirá siendo bajista a largo plazo. El problema es que el inversor pueda aguantar una pérdida del 20% y pueda esperar los meses que harían falta para volver a los niveles anteriores.
Los analistas del bando de la “tranquilidad” insisten en que no hay razones fundamentales para este pánico: las perspectivas de beneficios empresariales siguen siendo buenas –del 14% en el segundo semestre para las empresas del S&P 500– y las valoraciones son atractivas –máxime después del batacazo–. E insisten en que la ligera desviación en la inflación norteamericana no justifica esta caída. Sin embargo, para los expertos más conservadores, el peligro es que la presión inflacionista obligue a la Reserva Federal a subir los tipos más de lo que desearía, y que acabe provocando una crisis en el mercado inmobiliario, una caída de los resultados empresariales y, finalmente, una recesión, como ocurrió en 2001.
Caída simultánea de las materias primas
Un importante argumento para el desconcierto de los analistas ante el derrumbe de la Bolsa es la caída simultánea de las materias primas. En Nueva York, el petróleo ha bajado de 75 dólares hasta 68 desde mediados de abril; y el oro de 730 dólares hasta 650 en apenas dos semanas.
La mayoría de los expertos sigue aferrada al paradigma de que la bolsa baja cuando el petróleo –y demás materias primas– suben, y viceversa. Algunos analistas comentan que “la caída de la Bolsa no tiene argumentos fundamentales detrás, porque la caída del petróleo relajará las tensiones inflacionistas, que es lo que en teoría preocupa al mercado”.
Sin embargo, este paradigma ha sido seriamente cuestionado por el comportamiento de los mercados en 2004, 2005 y el inicio de 2006, cuando la renta variable ha escalado a la vez que las materias primas. Y con fuertes subidas en ambos mercados. Esto obedece al fuerte crecimiento económico mundial, con EEUU y los BRIC (Brasil, Rusia, India y China) como motores, que ha disparado la demanda y el precio de petróleo y metales, y, a su vez, ha permitido una racha de crecimiento de los beneficios empresariales como no se veía desde la burbuja tecnológica.
Temor a que la Fed se pase de frenada
Ahora, la caída simultánea tiene detrás un argumento parecido: el temor a que ese fuerte crecimiento se ralentice. Lo que teme realmente la renta variable no es la inflación, sino que la Reserva Federal se “pase de frenada” subiendo los tipos y acabe provocando una recesión en EEUU similar a la que causó en 2001 (agravada por los atentados del 11-S). Y si EEUU entra en recesión, el resto del mundo irá detrás o, como mínimo, ralentizará notablemente su crecimiento.
No obstante, los analistas técnicos encuentran muy diferentes las caídas de las bolsas y de las materias primas. Las primeras han perdido soportes muy relevantes, que abren la posibilidad de una corrección no sólo del último tramo de subida, sino de toda la tendencia alcista iniciada en 2002-2003. Mientras tanto, las segundas no han caído lo suficiente para abrir un escenario similar y, por tanto, siguen siendo alcistas a medio y largo plazo. Por mucho que el petróleo perdiera ayer los 68 dólares.
