El incipiente diálogo entre el Gobierno y ETA está a punto de convertirse en una nueva edición del camarote de los hermanos Marx. El motivo: el elevado número de personalidades de todo tipo y condición que en los últimos meses, incluso antes del anuncio del “alto el fuego permanente” de la banda armada, se han ofrecido reiteradamente al Ejecutivo de José Luis Rodríguez Zapatero para intervenir en los mismos.
Uno de ellos ha sido el ex ministro socialista y actual Alto Representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC), Javier Solana, quien intentó participar como mediador en los contactos exploratorios que desde el verano de 2005 mantienen emisarios de Moncloa y de la organización terrorista gracias a los buenos oficios del suizo Centro Henri Dunant para el Diálogo Humanitario.
Así lo ha podido confirmar El Confidencial en fuentes conocedoras del estado actual del proceso de paz, que añaden que el ofrecimiento fue rechazado de plano por el Gobierno. Siempre según estas fuentes, Solana intentó participar en dichos encuentros después de que uno de los responsables del Centro Henri Dunant le comentase que miembros de ETA se habían puesto en contacto con ellos para solicitar su mediación en un futuro diálogo con el Ejecutivo de Madrid y que finalmente aceptaban dicho papel.
El ex ministro socialista, que hasta ese momento no estaba al tanto de lo avanzado de los contactos, se ofreció entonces a hacer llegar el mensaje a Moncloa, a la vez que facilitaba a Zapatero y su equipo buenas referencias del Centro. Referencias en las que destacó el éxito del mismo a la hora de crear canales de confianza entre gobiernos y grupos armados en conflictos tan complejos como los de Nepal, Burundi y la región indonesia de Aceh.
El presidente -que ya conocía por una carta que le habían enviado los dirigentes etarras meses antes la propuesta de la organización de que hubiera un mediador internacional en el proceso de diálogo, aunque no concretaba cuál- recibió la elección del Centro Henri Dunant con agrado, sobre todo después de las alabanzas que tributó a este organismo el propio Solana.
Sin embargo, el intento de Mister Pesc de jugar un papel activo en los futuros encuentros en los que interviniera el centro suizo fue rechazado inmediatamente por Moncloa. Una rechazo que contó con el visto bueno de los miembros del PSE, con su presidente, Jesús Eguiguren a la cabeza, que han protagonizado el lento proceso de acercamiento entre los socialistas y la izquierda abertzale.
Una larga lista de ‘espontáneos’
Javier Solana no ha sido, sin embargo, el único que se ha ofrecido para intervenir, de una manera y otra, en los contactos con ETA. Así, el pasado 29 de septiembre, El Confidencial desvelaba que los jueces Baltasar Garzón y Margarita Robles habían mostrado a Moncloa, cada uno por su cuenta, su disposición a colaborar como intermediarios en el incipiente proceso de diálogo. Ofrecimientos que fueron también rechazados y que, en el caso del célebre magistrado de la Audiencia Nacional ahora en excedencia, causó verdadera extrañeza porque entonces aún estaban frescas en la memoria sus declaraciones a un diario de difusión nacional en las que manifestaba su total oposición a que el Ejecutivo cayera “en el laberinto de la negociación con ETA”.
Margarita Robles llegó a reconocer públicamente en una entrevista a un semanario su disposición a implicarse “por el diálogo y la negociación (...). Yo puedo ver a alguien y hablar con alguien, comentar con gente, pero eso no es dialogar”. La ex secretaria de Estado de Seguridad había puesto sobre la mesa del equipo de Zapatero su experiencia como interlocutora del premio Nóbel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel cuando ETA pidió a éste, en el verano de 2005, que hiciera llegar al Gobierno sus propuestas de negociación.
Sin embargo, ha sido un político el que más insistencia ha mostrado por tener una participación activa en un hipotético diálogo con la banda armada. Se trata de Josep Lluis Carod-Rovira, el líder de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), quien -como adelantó también El Confidencial el 16 de septiembre de 2005- pretendía utilizar los contactos que le permitieron mantener una entrevista con dos dirigentes de ETA en la localidad francesa de Perpiñán, para tomar parte activa en los contactos. El Gobierno, a través de uno de sus ministros, le pidió que no se inmiscuyera en el proceso ya que su intervención “no era necesaria” y que, por el contrario, podía ser incluso perjudicial.
Los ofrecimientos de Garzón, Carod-Rovira y Robles, como ahora el de Javier Solana, fueron rechazados de plano por Moncloa. Rodríguez Zapatero y el reducido sanedrín que está al tanto de los contactos pretenden con su negativa evitar que la intervención de todos ellos genere confusión en la banda terrorista y su entorno, y que éstos lleguen a atribuirles una representatividad que no tienen, lo que podrían perjudicar el desarrollo de las negociaciones.

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