El gran artista Lorenzo Quinn está a punto de irse a vivir a Nueva York y huir de Castelldefels porque ya no se siente seguro. Abandonó el Bronx buscando la calidad de vida española que ya no encuentra. Han robado en casa de sus vecinos y teme le toque a él. Se pregunta el hijo de Anthony Quinn qué hace por su familia su Ayuntamiento, que cobra unos impuestos de primera y ofrece una seguridad de tercera. Lo mismo nos sucede al resto.
Llegan las bandas organizadas con delincuentes profesionales y se encuentran con unos Mossos inexpertos y unos consellers primerizos que no hicieron caso a las llamadas de ayuda que durante años se hicieron desde los medios de comunicación. Cuando Montserrat Tura dijo que debíamos protegernos nosotros pagando con nuestro dinero la seguridad de nuestras casas, dejo claro para qué servía su cargo. Lo mismo ha sucedido ahora con el delegado del Gobierno en Cataluña, Joan Rangel, que anuncia la llegada del séptimo de caballería para salvar Cataluña con la Guardia Civil. Lo que no sabe el Delegado es que el cuerpo benemérito esta harto de hacer el indio cada vez que la incompetencia política les lleva a salvar situaciones que ellos no han provocado. Les han echado de Cataluña pero les reclaman con urgencia si hay problemas, y sin preguntarles si hablan catalán.
Estamos viviendo una psicosis de miedo e inseguridad sin precedentes por un delito común y sólo comparable a los peores días del comando Barcelona de ETA, y Rangel quiere tranquilizarnos con la llegada de 200 efectivos esta misma semana. Desconoce que mientras él se decide a que vengan ya se han ido 120 efectivos. Son los guardias civiles que han pedido el traslado este mes de mayo.
Cuando salen de la academia el primer año les obligan a venir y luego la mayoría pide el traslado a otras comunidades porque saben que aquí no son bien venidos para la clase política. En definitiva, se van más que llegan y además los que vienen son inexpertos que no pueden realizar las tareas de vigilancia solos, sino que deben ir acompañados de un veterano. A menudo los mandos envían a cuatro eventuales a una comandancia donde hay dos profesionales y siempre dos novatos se quedan en el cuartel sin patrullar. Ocurre como con los coches nuevos de la Guardia Civil. A la que llegan al cuartelillo se los quedan los mandos para supervisar los servicios, nunca son destinados a las patrullas de a pie que protegen a los ciudadanos, para ellos los viejos coches. Así nunca pueden competir con los de gran cilindrada que conducen los delincuentes.
¿Cómo vamos a ganar esta guerra por la seguridad si los nuestros son menos y sin medios? La incompetencia política es evidente pero también la judicial. Hace unos días se detuvo a un albano-kosovar que se dedicaba a los robos silenciosos en Barcelona. Cuando la Policía Nacional miró su ficha, había sido detenido en 90 ocasiones. Mientras la reincidencia no sea un agravante en el delito y se demuestre con hechos que quien la hace la paga, el problema no se resolverá.
Los detenidos son pocos, los robos muchos y las víctimas psicológicas se cuentan por millares. Existe el caso de un herido por robo con violencia en Vilafortuny (Tarragona) del que todavía no se sabe si quedará tetrapléjico como consecuencia del golpe recibido.Ya no podemos dormir tranquilos.

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