Hace falta un general, de las pesquisas de Marcello en Estrella Digital
Las campanas de la Iglesia repican sin cesar y no sabemos por qué alegría. Puede que porque Vázquez ha entregado religiosamente sus credenciales al Papa, puede que por causa de Moraleda, que dice que el catecismo no es ley del Gobierno, puede que porque Benedicto XVI está a punto de llegar a Valencia, o simplemente porque un lego que está un poco loco las ha echado al vuelo creyendo que es Navidad. O, incluso, puede que sea el mismo diablo el que empuje los bronces para festejar el primer relevo en la COPE, que por algo se empieza, a la espera de que, con motivo del verano, vengan todos los demás.
De momento las campanas de la Iglesia no doblan por El Código Da Vinci, porque más que muerto está vivo porque el Opus Dei ha lanzado un campaña mediática contra la novela y la película, y todos sus propagandistas, políticos, periodistas, han salido a los medios a hacer la contrapropaganda de ambas cosas con el mensaje previo de lavado de cerebro de que el libro es muy malo y la película peor. Si así fuera, ni se leería ni se vería, pero tampoco son para los Oscar de Hollywood las películas de Torrente y ahí están, ni para el Nobel de literatura las novelas de Corín Tellado y ahí estuvieron. Lo llamativo de todo esto es que, en contra de lo que pretenden, están haciendo una gran publicidad a El Código Da Vinci gracias a la gran consigna general de los opusinos, que se rasgan las vestiduras por un solo relato o guión de ficción, que dicen que puede tener unos datos históricos o de realidad sobre la posible relación de María Magdalena con Jesucristo y su presunta descendencia, a la que persigue un presunto sicario del Opus Dei.
Tanto ruido están haciendo contra El Código Da Vinci que al final lo van a convertir en récord mundial de lectura y audiencia cinematográfica. Aunque esta historia sirvió para ver la capacidad de movilización de los agentes secretos y propagandísticos de esa muy poderosa organización que quiso prohibir la película, censurarla o meter un aviso a los espectadores para que no se dejen engañar. Tanto celo conduce a una sospecha: ¿será verdad todo lo que dice la novela?
Pues bien, “la verdad os hará libres”, así reza el eslogan de la COPE para más “inri”, como se suele decir. Y allí en la emisora episcopal no es la verdad lo que reluce en los informativos y programas de opinión. Brilla una verdad muy particular que a decir otra verdad tampoco coincide con la verdad ni los modos de la Conferencia Episcopal dueña de la emisora, de donde se acaba de marchar Bernardo Herráez tras protagonizar las que son sus estrellas mediáticas no pocos escándalos e incidentes, como el de Evo Morales —una de las causas por las que España está pagando los platos rotos—, la expulsión del EGM por manipular sus encuestas y las habituales de la bronca política y mediática, la más reciente con ABC —que le está buscando a la Conferencia Episcopal unos enemigos sobrevenidos en demasiados frentes—. Sin olvidar que en la Conferencia empiezan a ser conscientes de que algunos predicadores de ocasión utilizan el poder de la COPE para sus negocios particulares e intrigas políticas.
Qué va a pasar con el sustituto de Bernardo Herráez, el nuevo responsable de la COPE, Alfonso Coronel de Palma? La banda del mandril de la mañana está inquieta porque se teme que esto es el principio de su fin, y ya suenan cábalas sobre el desembarco del clan en Intereconomía, aunque el nuevo responsable copero les pide tranquilidad y anuncia continuidad. “Tranquil, Jordi, tranquil”, que le decía el Rey a Pujol en el 23F. Pero no hay tranquilidad sino inquietud, de ahí que algunos macacos interiores han lanzado la especie, por la vía de Internet, de que el nuevo patrón, Coronel de Palma, hijo del que fuera gobernador del Banco de España en la oprobiosa, ha sido inhabilitado para la alta gestión por otro gobernador del Banco nacional a causa de no se sabe bien cierta quiebra bancaria de años atrás.
Si así fuera, la Conferencia Episcopal habría rizado el rizo de una manera febril: un presidente inhabilitado, un mandril mañanero ateo y provocador, cuando no insultador; un pastor protestante y sabelotodo en diez idiomas por la noche; un espía deportivo en el EGM; una guerra interna entre los kikos, legionarios, los de comunión, la curia y el Opus; y una proyección de todos los comunicadores y gestores, divididos en bandas a favor y en contra de cada uno de los sectores del PP: los ultras, liberales, cristianos, etc.
Mucho me temo que para solucionar el problema de la COPE un coronel es poco, hace falta un general.
