Arnold Toynbee dice: "Ibn Jaldún concibió y formuló una filosofía de la historia que es, sin duda, el trabajo más grande que jamás haya sido creado por una inteligencia en cualquier tiempo y lugar". No en balde se le compara con Maquiavelo, Montesquieu, Vico o Marx. Al principio del prefacio a su magno estudio Al Muqaddima -Los prolegómenos o Introducción a la historial universal-, expone su idea básica y vasta: "La historia tiene por objeto el estudio de la sociedad humana, o sea, de la civilización universal. Trata de lo que concierne a su naturaleza, a saber: la vida salvaje y la vida social, los particularismos debidos al espíritu de clan y las modalidades por las que un grupo humano domina a otro. Esto último conduce a examinar el nacimiento del poder..." (Manejo la clásica traducción francesa de Monteil, en Actes Sud; hay una castellana en México que desconozco.)
Bien: ha sido abierta la excelente exposición Ibn Jaldún y el Mediterráneo en el siglo XV: auge y declive de los imperios, en los mudéjares Reales Alcáceres de Sevilla, obra de Pedro el Cruel, con quien precisamente se entrevistó aquí Ibn Jaldún, embajador entonces del sultán de Granada... La muestra y su gran catálogo se deben a la fundación El Legado Andalusí, inscrito en la Junta de Andalucía, que pilota Jerónimo Páez y cuya amplia labor cultural, sostenida y de categoría, debe de constituir ya la más importante que España ha dedicado al Mediterráneo y, sobre todo, al Magreb y a Al Andalus entendido en especial como Andalucía. El evento conmemora los seis siglos de la muerte del pensador, acaecida en El Cairo en 1406, y que había nacido en Túnez en 1332. Era de familia andalusí y viajó por el entero norte de África, llegando a Bagdad y a La Meca. Pedro le ofreció la restitución de los bienes de sus antepasados, él los rehusó agradecido.
Resulta básico recordar el mundo en que se desenvolvió Ibn Jaldún: las luchas dinásticas trinchan el Magreb, Al Andalus ha sido arrollado por el empuje cristiano y se reduce a Granada, el Oriente árabe queda atenazado entre el Gran Tamerlán y el auge otomano, los últimos preclaros pensadores musulmanes -Ibn Tufayl o Ibn Rusd- pertenecen a la centuria anterior y un conservadurismo legalista esclerotiza el islam y sus gobiernos -¡aún hoy sigue vigente!-. En Europa están Petrarca, la guerra de los Cien Años y el cisma de Occidente. En Catalunya brega el iracundo Pere el Cerimoniós y divaga el pardillo de Anselm Turmeda... En un universo revuelto y cambiante Ibn Jaldún estudia, ejerce el poder, huye, escribe: es el primer sociólogo de la historia, incluso lo es su metodología crítica.

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