Arranca en Valencia la construcción de un vanguardista complejo urbano, con firmas de arquitectos como Greg Lynn, Willy Müller, Eduardo Arroyo y Vicente Guallart.

La propuesta urbanística más sorprendente y arriesgada de los últimos años en la Comunidad valenciana ya tiene su primera piedra. Las obras de Sociópolis, un conglomerado de edificios futuristas, parques, acequias y huertos urbanos, se iniciaron ayer en la periferia de Valencia con el objetivo de convertirse en el primer ejemplo del llamado «urbanismo sostenible», un oxímoron con el que la Generalitat quiere deshacerse del sambenito de «depredador del territorio» que los colectivos ecologistas y las críticas de la Unión Europea le han colgado.
Más de 2.800 viviendas protegidas, 170.000 metros cuadrados de parques y equipamientos, un innovador sistema de reciclaje del agua y 300 parcelas para huertos urbanos son la tarjeta de presentación de un proyecto que, además, cuenta con la firma de reputados arquitectos, como Willy Müller, Françoise Roche, Duncan Lewis, Toyo Ito o el valenciano Vicente Guallart. El complejo, que estará acabado en 2009, se edificará en La Torre, una pedanía de la capital valenciana donde todavía queda algo de huerta y que, por tanto, se considera como una zona sensible a proteger.

Así, con Sociópolis, la Generalitat pretende matar varios pájaros de un tiro: por un lado, realizar un proyecto urbanístico de calidad y que sea respetuoso con el medio ambiente y, en especial, con la huerta, una actividad agrícola milenaria con una importancia tan grande que hasta da nombre a la comarca donde se inserta Valencia; por otro, crear una especie de ciudad social, un complejo de viviendas accesibles a casi todos los bolsillos que ayuden a paliar el cada vez más complejo problema del encarecimiento de los inmuebles.

El primer objetivo ya está conseguido, al menos sobre el papel.Las maquetas y proyectos de Sociópolis han encandilado a los especialistas en urbanismo desde que se presentó en la Bienal de Valencia en 2003, y han acumulado premios y reconocimientos por todo el planeta. Así, las obras que inauguró ayer el presidente valenciano, Francisco Camps, parten con un currículo, que incluye desde un galardón de la Bienal de Viena en 2004 hasta su exhibición en el MOMA de Nueva York, a través de una exposición sobre nueva arquitectura en 2006.

Sociópolis, no obstante, dejará espacio también para el negocio puro y duro. Junto a las 2.800 viviendas protegidas, el proyecto desarrollará otras 400 de renta libre por expreso deseo de los propietarios del suelo, con el objetivo de obtener un mayor rédito económico, al menos en una parte del proyecto.

Desde luego, la concepción de Sociópolis apunta hacia otra dirección.El monumental proyecto también incluye, como no podía ser de otra manera, un guiño a la actual batalla del agua. El nuevo barrio contará con un sistema de reciclaje hidráulico para riego del espacio público. La integración de la ciudad y la huerta se hará mediante la creación de 18 torres de perfil variable (las más altas llegarán a 20 plantas), que permitirán combinar una alta densidad urbana con la liberación del máximo de superficie posible para la creación de amplias zonas verdes y de equipamientos.Y es que, aunque Sociópolis contará con un gran parque, la gran novedad son sus futuros huertos urbanos que aspiran a convertirse en los más grandes de España.

Los propios ciudadanos cultivarán las parcelas de entre 25 y 100 metros cuadrados, destinadas al autoconsumo, lo que garantiza la pervivencia, de una manera un tanto artificial pero efectiva, de una de las actividades más características de la Comunidad valenciana a lo largo de su dilatada historia.

La implantación de unas 10 hectáreas de huertos urbanos con más de 160 especies diferentes de arbolados y arbustos supone el envoltorio sostenible de un ambicioso proyecto urbanístico y arquitectónico que combinará el ladrillo con un jardín botánico de frutales, alineaciones de palmeras, ficus, moreras y otras especies tradicionales.

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Una ambiciosa apuesta por la fantasía casi de ciencia ficción
VALENCIA.- Los centros para jóvenes, las canchas deportivas, la piscina municipal y el resto de servicios orientados al ciudadano completan el proyecto. La presentación del mismo permitió ayer a las autoridades darse un baño de aplausos y multitudes.

Lo que está claro es que Sociópolis es un ejemplo de arquitectura de autor. De hecho, cada edificio es singular y diferente al resto, tiene su propio nombre y se convierte en un ejemplo del urbanismo que se ejecutará en los próximos años:

Sharing Tower. El valenciano Vicente Guallart firma una espectacular torre circular con dos brazos, que se convertirán en una plaza pública y un auténtico centro social de Sociópolis. Es un edificio inteligente formado por apartamentos, viviendas para jóvenes y lofts de última generación. Pile Tower. Willy Müller ha convertido el edificio central de Sociópolis en una torre de viviendas, caracterizada por una serie de pliegues en la fachada, que siguen la geometría necesaria para ubicar paneles de captación social.

Geode Block. La fantasía de Greg Lynn desemboca en un bloque de edificios de geometría irregular, con ventanas en forma de polígono triangular, que se alternan con la fachada cúbica de las 28 viviendas de alquiler. Se trata de un complejo que combina sobriedad con la arquitectura más extrema.

Topografía residencial. El proyecto aprovecha los surcos de la huerta arada para desarrollar un bloque lineal de baja altura que se relaciona con el suelo a través de una rampa. El arquitecto Manuel Gausa pretende así crear la sensación de topografía habitada, es decir, la mezcla absoluta entre la obra humana y la naturaleza.

Cajas en obra. Las cajas de fruta amontonadas en los huertos del Mediterráneo y el crecimiento vegetal inspiraron a Françoise Roche para desarrollar un edificio que intenta captar el «sustrato» de la agricultura valenciana. La escalera del edificio, además, se desarrolla de forma rampante por la fachada.

Dom EXTica. Antonio Lleyda y Eduardo de la Peña desarrollarán un edificio de estructura y fachada ligera, cuyas viviendas tendrán una terraza-patio, en torno a la cual se organizarán las diversas estancias.

Huerta M3. El edificio se construirá sobre parcelas con naranjos, en los que se mantiene el cultivo existente. Por ello, el suelo se levanta mediante filos pilotis que sostienen los apartamentos cúbicos y permiten la entrada de luz solar para los árboles.

Huerta Tower. Una pequeña locura de 20 plantas de la que emergerán grandes voladizos con minúsculos huertos individuales. Este auténtico jardín vertical permitirá ver la insólita imagen de un naranjo a decenas de metros de altura.