EL diagnóstico sobre la situación actual del oso pardo en la cordillera Cantábrica esta provocando algún debate entre investigadores, conservacionistas y responsables de la gestión de la especie. El incremento desde los 70-90 osos estimados hace una década para el conjunto de la cordillera Cantábrica a los 110-130 osos que se estiman actualmente ha traído cierto optimismo a los colectivos mencionados antes. Sin embargo, algunos investigadores también pensamos que esos datos deben ser tomados con cautela. Dejando a un lado el hecho de que las estimas hayan podido ser realizadas con diferente eficacia a lo largo del tiempo, me gustaría comentar algunas de las razones para la cautela.

Cuando hablamos de establecer un 'diagnóstico' de la situación actual del oso pardo cantábrico deberíamos referirnos a un conjunto de síntomas y no solamente a uno. ¿Cual sería nuestra perspectiva sobre la situación de la especie si tuviéramos en cuenta, por ejemplo, que su distribución se ha reducido en un 22% esta última década? Posiblemente tenemos mas osos, pero en menos territorio. ¿Cuál sería además, nuestra perspectiva sobre ese diagnóstico si tuviéramos en cuenta además que sobre ese cada vez más restringido hábitat osero penden proyectos que amenazan su integridad? Efectivamente, el proyecto de estación de esquí de San Glorio está previsto en pleno corazón del núcleo oriental de osos (León, Palencia y Cantabria) y el proyecto de autovía de La Espina-Ponferrada discurre por la médula del núcleo occidental (Asturias, León, Lugo) atravesando la cordillera por Cangas del Narcea, Degaña y Alto Sil, verdadero, si no único, reducto real de nuestros osos.

Nuestra percepción sobre la salud y el futuro de la especie puede cambiar sustancialmente dependiendo de qué 'síntomas' o indicadores consideremos a la hora de esbozar nuestro diagnóstico. En el fondo, el verdadero diagnóstico de la situación actual del oso pardo cantábrico sería determinar cuál es su riesgo de extinción. Pero mientras no dispongamos de las herramientas adecuadas para evaluar y cuantificar ese riesgo (y por qué no disponemos de ellas es otro cantar) debemos establecer y acordar unas reglas para confeccionar nuestros juicios.

La primera regla podría ser seleccionar el cuadro de síntomas e indicadores necesario para construir esos dictámenes. La Estrategia para la Conservación del Oso Pardo Cantábrico en España, firmada en 1999 por todas las comunidades autónomas y el Ministerio de Medio Ambiente, recoge todo un grupo de indicadores de la situación y evolución de la especie y su hábitat que podría servir de punto de partida.

La segunda regla podría ser que la elaboración de los diagnósticos sería un proceso colectivo, consensuado y confeccionado inicialmente por investigadores, técnicos y conservacionistas. Puede servir también de ejemplo la redacción del diagnóstico incluido en la mencionada Estrategia para la Conservación del Oso Pardo Cantábrico elaborado por técnicos de las administraciones autónomas y central e investigadores invitados. Seguramente ese colectivo podría y debería ser hoy ampliado pero en cualquier caso el ejemplo está ahí.

No deberíamos dejar en manos de los responsables políticos la elaboración de esos diagnósticos. La proliferación de información de muy diferente calidad y, en ocasiones, contradictoria, permite a nuestros políticos seleccionar aquella de su conveniencia y construir una 'imagen' sobre la situación de la especie de acuerdo con sus intereses. Algunos colectivos también aprovechan este hecho para buscar prebendas a cambio de facilitar a nuestros gestores aquello que ellos quieren oír. Esto no quiere decir, por supuesto, que los diagnósticos elaborados por técnicos y científicos no deban ser comprendidos, aceptados y sancionados socialmente (y por sus representantes democráticos en primer lugar) pero la ratificación consensuada por el colectivo de investigadores, técnicos y conservacionistas debe ser también respetada y garantizada.

Seguramente hoy disponemos de mejor información que en 1999 y podemos mejorar nuestro juicio sobre cuál es la situación de nuestros últimos osos. Hagámoslo de nuevo entre todos. La elaboración de diagnósticos cada vez mas correctos y ajustados es la base sobre la que fundamentar la acción de conservación. Sin dictámenes adecuados difícilmente podremos rescatar a nuestros últimos osos pardos del riesgo que tienen de desaparecer de nuestras montañas.

JAVIER NAVES. DEPARTAMENTO DE BIOLOGÍA DE ORGANISMOS Y SISTEMAS. UNIVERSIDAD DE OVIEDO.