De nuevo la insoportable sensación de que hay prisa por poner a Zapatero a disposición de la historia como el pacificador de Euskadi. Ayer, sobredosis de confusión. Esa es la mercancía verbal que viaja en las declaraciones del presidente del Gobierno en Baracaldo, donde anunció para junio el inicio del diálogo con ETA¿Y cómo sabe Zapatero que de aquí a junio se van a dar las famosas condiciones previas? ¿O considera que ya se dan, en flagrante contradicción con lo declarado por su ministro del Interior, Rubalcaba, hace cuatro días?
No nos consta que haya decaído el método del Gobierno para gestionar el “final dialogado” de la violencia. Por tanto, hemos de seguir vinculando el eventual inicio de los tratos con ETA a la verificación del alto el fuego y la voluntad de la banda de renunciar definitivamente al terror. A la luz de ese razonamiento, lo de ayer sólo puede entenderse como la predisposición de Zapatero a convertirse en avalista de ETA y su oscuro entorno político y social.
Me explico: Uno, el miércoles pasado el ministro Rubalcaba reconocía ante la Comisión de Interior del Congreso con toda claridad -ahí están las actas-, que aún no hemos llegado al punto de partida -voluntad “inequívoca” de abandono de la violencia- en un eventual proceso de diálogo con la banda.
Dos, ETA nos ha dicho en sus últimos recados que no está dispuesta a aceptar mansamente la continuidad del actual marco político y, por otra parte, Arnaldo Otegi, líder de la ilegal Batasuna, se rasga las vestiduras porque las leyes del Estado no se detienen ante su fuero de “interlocutor”. “La situación es extremadamente grave”, dice refiriéndose no a la “paz” -palabra vetada en el lenguaje de ETA y sus amigos-, sino a la “superación del conflicto”.
Y tres, en la víspera del discurso de Zapatero en Baracaldo ('Fiesta de la Rosa'), se han registrado al menos cinco episodios claros de terrorismo callejero en distintos puntos del País Vasco.
Sin embargo, Zapatero se tira a la piscina y dice que en junio, tal y como prometió -como si el contenido de la promesa dependiera de él-, comunicará a las fuerzas políticas que ha llegado el momento de tratar con ETA y de recabar el apoyo de los partidos. Perdone usted, presidente, pero eso, en román paladino, es tanto como salir de garante de ETA, o como poner la mano en el fuego por la banda terrorista dando por hecho, naturalmente, pues claro, la duda ofende, que en junio será inequívoca su voluntad de poner fin al terror. ¿Y en qué preciso día de junio el inesperado pacifismo de ETA se acreditará real y verdadero? ¿Antes o después del día 18, fecha del referéndum del Estatut? ¿Antes, durante o después del Mundial de fútbol? No es extraño que la opinión pública se haya mostrado tan escéptica en las últimas encuestas oficiales.

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