El engaño de 'El Código da Vinci', de Justino Sinova en El Mundo
Hace dos años empecé a leer El Código da Vinci pero no pasé de la página 25. Deseaba conocer las claves del fenómeno de ventas que estaba iniciándose pero fui incapaz de descubrirlas pues la lectura de las primeras páginas me echó para atrás. El Código da Vinci es literatura de ocasión, pedestre y simple; redacción tópica, llena de descripciones vulgares y falta de adjetivación precisa; argumentación infantil como en tanta producción urgente de aventuras. Las 25 primeras páginas son suficientes para asustarse de su mediocridad. Con los libros interesantes que hay para leer, dedicar unas horas a éste es una manera segura de malgastar el tiempo.
Poco después supe de los argumentos de Dan Brown y, además de confirmarme en lo inútil de su lectura, comprendí el secreto de su éxito entre algunas gentes. El infame narrador invade con osadía el campo de las verdades cristianas, las manipula y tergiversa, y construye con mentiras unos argumentos para aprovecharse de lectores ingenuos, o carentes de conocimientos históricos, o ayunos de criterios éticos, a muchos de los cuales les parecen el no va más de lo valiente, lo comprometido y, hasta dicen algunos, lo progresista.
Las osadías de Dan Brown son viejas y gratuitas, han sido contestadas muchas veces y duermen el sueño de lo absurdo. Presentar hoy como descubrimientos serios algunas tonterías como por ejemplo que Jesucristo tuvo un hijo con la Magdalena es un gesto bobo y por demás ignorante. Pero sobre todo es facilón, pues se sabe que los cristianos son personas moderadas que no van a responder con la misma moneda. Los buenos cristianos, además, rezarán por el escritor y su cohorte de engañados, poniendo en práctica el mandamiento cristiano básico de amar al prójimo, incluso aunque insulte, mienta y ofenda lo más sagrado de su fe. Los que somos cristianos no tan buenos no renunciamos a denunciar, antes que nada, que Dan Brown es un incompetente fabulador que se aprovecha de la ignorancia, que abusa de la gente y que utiliza la mentira para forrarse.
Como sé de qué va este montaje, no caeré en el segundo error, que es el de ver la película que se estrena ahora, realizada por gentes que pretenden seguir chupando del negocio de la mentira.La mentira es la peor perversión del ser humano. En el arte, en el deporte, en la política, en el comercio, en cualquier faceta de la vida. La mentira envilece a la persona. Y envilece tanto a quien la dice como a quien la secunda; a quien se aprovecha de ella como a quien la acepta por comodidad, por miedo o por táctica.

wuevos dijo
no mames, wey
6 Junio 2006 | 02:31 AM