Que la diputada Ayaan Hirsi Alí emigre a Estados Unidos no me parece una buena noticia para Holanda ni para cualquiera mínimamente preocupado por los derechos humanos, pero es indudable que su partida alegrará a muchos. Para empezar, a sus vecinos, que habían conseguido que un juez la echara de su casa para no ponerles en peligro a ellos (o al valor de sus propiedades), dado que la buena señora lleva años amenazada de muerte por los fanáticos islamistas, los mismos que ya se cargaron a su amigo Theo van Gogh. Es curioso cómo se portan las buenas personas: siempre piensan que la cosa no va con ellos, hasta que acaban como el personaje de Brecht.

También el centro Musulmanes y Administración --que, como su nombre indica, lleva los asuntos de los primeros con la segunda-- se ha alegrado mucho de la fuga de la señora Hirsi Alí. Según sus responsables, ésta ha hecho mucho daño con sus teorías delirantes acerca del supuesto maltrato que el islam --que no es más que amor, como todos, incluido el difunto señor Van Gogh, sabemos-- inflige a las mujeres y a los homosexuales. No puede decirse que la ministra de Inmigración, Rita Verdonk, se lo haya pensado mucho a la hora de quitarle la nacionalidad. Agarrándose a un tecnicismo legal --la diputada Hirsi Alí mintió a la hora de solicitar asilo en Holanda, cosa que, por otra parte, todo el mundo sabía--, la ha convertido en apátrida a la velocidad de la luz, olvidando que mentir puede ser necesario cuando lo que te juegas es el derecho a vivir dignamente.

Dada la manera de hacer política de Hirsi Alí, directa y poco dada a las componendas, hasta sus compañeros del Parlamento respiran tranquilos. Ah, y parece que se va a trabajar en un organismo cercano al presidente Bush, con lo que aún nos podemos quedar más tranquilos, pues así descubrimos que la negra de marras es, además de una provocadora que alienta la crispación, una lacaya del imperialismo y una sirvienta del Gran Satán. Respiren, pues, tranquilos los holandeses de bien, los islámicos rebosantes de amor, los políticos profesionales y los vecinos de tan molesto personaje. En su ausencia, Holanda podrá dedicarse en paz al cultivo de sus míticos tulipanes y a pasear en bicicleta por campos y ciudades.

Yo pensaba que esto de acusar de crispador al que dice lo que piensa lo habían inventado los vascos, y que los catalanes nos habíamos limitado a imitarles. Pero ahora veo que en la civilizada Europa del norte también se gastan las mismas mañas y también se les muestra la puerta de salida a aquellos cuyo discurso no coincide con el imperante. Ya ven lo que pasa en Holanda: si no te asesina un fanático, tu propio Gobierno te quita la nacionalidad y, prácticamente, te echa del país. ¿Por qué? Porque molestas.

Hirsi Alí tiene por delante una nueva vida en un nuevo mundo, que es más de lo que se puede decir de los que la echan. Norteamérica no es jauja y su actual presidente es un ceporro, de acuerdo, pero también es un lugar en el que nadie te pregunta de dónde vienes y en el que no habrá que ir a todas partes con cuatro guardaespaldas, como era el caso. Es también un sitio en el que las mentiras piadosas se aceptan con más tolerancia. Recordemos al propietario del famoso restaurante Romanoff, quien aseguraba ser un exiliado ruso de sangre azul. Cuando se descubrió que era un judío de Nueva Jersey, a nadie le importó porque en su establecimiento se comía bien y te lo pasabas de miedo.