Se ha clausurado del 5 al 7 de mayo en Barcelona el Primer Congrés del Món Rural. Desde inicios del 2005 se han sucedido asambleas y reuniones que han abarcado la vasta problemática del mundo rural catalán, que han culminado en la adopción de las conclusiones del congreso. Uno de los ámbitos de este era el de la sostenibilidad, y uno de sus temas era de candente actualidad: Gestionemos bien el agua. Las conclusiones que se adoptaron no parecen ir hacia un cambio de rumbo en la percepción de la problemática asociada a la gestión del agua en la agricultura.
En estas conclusiones, el congreso sigue apostando por un regadío productivista que no reconoce los problemas que genera en nuestros ecosistemas (disminución de caudales de los ríos, contaminación difusa). Se sigue hablando de las "necesarias obras hidráulicas", de "concentración parcelaria", de que el coste del agua debe ser "asumible" para el agricultor y de la necesaria transformación de secanos en regadíos para un "mejor equilibrio territorial". Un discurso que parece más propio del siglo XIX.
Para nada hablan las conclusiones del efecto de los regadíos sobre los caudales ambientales de los ríos. Por ejemplo, mientras durante gran parte del año por el canal de Urgell circulan 35 metros cúbicos por segundo, por el vecino río Segre solo discurren 5 metros cúbicos por segundo. ¿Esto es un regadío sostenible? Además, el agua del canal es usada en regadíos poco eficientes, con casi un 80% de la superficie de riego a manta. La mayor parte del agua se evapora y la que regresa al río lo hace llena de fertilizantes y pesticidas. Desgraciadamente, el mundo rural se empeña en no responsabilizarse de la contaminación del agua y esto es una mala noticia para nuestros ecosistemas acuáticos.
PARA LA mejora de la eficiencia, el Plan Nacional de Regadíos, acaba de destinar 2.400 millones de euros. Pero no está claro que esta inversión vaya a mejorar nuestros ecosistemas acuáticos. El agua que nos ahorraremos con estas inversiones (que en gran parte pagaremos de nuestros bolsillos) no va a revertir en la mejora de los caudales de los ríos. El agua ahorrada será usada por las comunidades de regantes para regar más o, incluso peor, para negociar con ella (bancos de agua) y venderla a otros actores como ciudades o industrias, dispuestos a pagarla. Puro negocio contra el medioambiente.
Sigamos con los regadíos del canal de Urgell, que consumen 440 millones de metros cúbicos al año. Con un buen plan de eficiencia podría llegarse a un ahorro de hasta 140 millones. Preguntados los regantes si estarían dispuestos a renunciar a esta parte del agua en beneficio del río si se les pagaban íntegramente las medidas necesarias para mejorar la eficiencia de sus regadíos, respondieron: "El agua es nuestra". Este concepto patrimonial del agua (propio del siglo XIX) invalida cualquier pretensión de sostenibilidad de las medidas de ahorro del agua en España. Además, el Congrés del Món Rural defiende la realización de nuevos regadíos, como los del Segarra-Garrigues. Pero no es seguro que haya agricultores dispuestos a pagar el precio final del agua cuando esté acabado el canal (unos 0,12 euros metro cúbico). ¿Para qué se usará esta agua? Comenzamos a sospechar que el futuro de este canal es vender el agua a Barcelona.
La irracionalidad económica de las cuentas del agua es enorme en Catalunya, ya que los usos urbanos e industriales consumen el 20% del agua y recaudan el 95% del dinero destinado a pagar los servicios correspondiente a su ciclo. La agricultura usa el 80% del agua y contribuye solo con el 5% del coste.
Tampoco parece que haya mucha racionalidad económica en los nuevos regadíos. En la zona del Ebro se pretende construir el canal Xerta-Sènia (consumo de 72 millones de metros cúbicos anuales) para construir miles de nuevas hectáreas de cítricos. Este año la sobreproducción de naranjas ha hecho caer su precio (para el productor) a menos de 0,1 euros el kilo, por debajo de su precio de coste. Y otra vez sospechamos que el destino final del agua va a ser otro. En el bajo Ebro el futuro regadío de Xerta-Sènia necesita como mucho 2 metros cúbicos por segundo, pero se va a construir una estación de bombeo de 10. ¿Para qué? Para hacer posible el trasvase del Ebro hacia el sur en un futuro no muy lejano. En Catalunya, con la excusa de los regadíos se van a acometer infraestructuras hidráulicas que serán utilizadas posteriormente para nuevos trasvases.
POCO TIENEN que ver con la nueva cultura del agua las conclusiones del Congrés del Món Rural. De ninguna manera miran hacia el futuro, sino que apuestan por el mismo modelo que en el siglo XX ha arruinado muchos de nuestros ecosistemas acuáticos. El congreso parece ser otra oportunidad perdida para avanzar hacia un modelo sostenible de gestión del agua en la agricultura.
NARCÍS Prat. Catedrático de Ecología de la UB.

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