PARA ZP el cese de la violencia de ETA ya está verificado; eso es lo que se deduce de su intervención en Baracaldo durante la Fiesta de la Rosa (¿no se celebraba en Mónaco esa fiesta?), al anunciar que el próximo mes comunicará al Parlamento el inicio del diálogo con ETA. El 22 de marzo, tres encapuchados de la banda terrorista declaraban un alto el fuego permanente y, dos meses más tarde, el presidente da por cierta esa voluntad, pese a que hubo actos de violencia contra bienes de ciudadanos particulares y de partidos políticos, así como intentos de extorsión. La vida en el País Vasco durante este tiempo no fue como en Madrid, Asturias o Andalucía, pero el Gobierno no quiere ser demasiado puntilloso en la verificación de la tregua, no vaya a ser que el celo en el examen de la violencia impida la negociación con la banda terrorista. Da la impresión -repito que es una impresión- de que asistimos a un protocolo pactado: anuncio de alto el fuego sin referencias explícitas a los presos o a la independencia del País Vasco y, tras dos meses de loas al proceso de paz, el Gobierno y la banda inician formalmente la negociación, con el Mundial de fútbol de Alemania en el centro de las preocupaciones del público y en la antesala de las vacaciones.
Es difícil separar el anuncio hecho por Zapatero de las declaraciones realizadas por Otegi, dos días antes, en las que aseguraba que el proceso de paz pasaba por un momento crítico. A lo mejor, tras el calendario avanzado por el presidente, los líderes de Batasuna consideran que las cosas vuelven a su cauce. Mucha gente puede pensar que Batasuna y ETA empujan y el Gobierno agiliza los trámites.
En la Fiesta de la Rosa, Zapatero avanzó que el llamado proceso de paz podría durar tres o cuatro años. Si pensamos que la gran referencia para el Gobierno es la vía irlandesa, nos encontramos ante una negociación-express, porque en Irlanda la negociación se inició hace diez años, el acuerdo de Viernes Santo fue hace ocho años, y el asunto todavía no ha terminado. Este conjunto de novedades las completó el presidente con la propuesta de incluir una referencia a las víctimas del terrorismo en el preámbulo de la Constitución. Sin dudar de su buena voluntad, la propuesta me parece un disparate.

Escribe un comentario