Allá por la década de los años 50 del pasado siglo desembarcó en Avilés un ambicioso proyecto que culminó con lo que todos conocemos como la Fabricona, es decir, Ensidesa.

La transformación de la villa y alrededores no se hizo esperar. La margen derecha de la ría se vio transformada, significando un crecimiento económico y social sin precedentes que marcaría el devenir de esta villa y su comarca. En esta margen, se encuentra un pueblo, Valliniello, que sirvió de cuna para la protagonista de este artículo, la Térmica de Ensidesa.

Diversas instalaciones se asentaron en terrenos de la parroquia de San Pedro de Navarro (Valliniello), que serían y servirían a la cabecera en particular y a la factoría en general. Entre ellas está la antigua central Térmica, la cual supone un museo en sí y un patrimonio de Avilés.

Museo, porque alberga diferentes mecanismos y piezas únicos y pioneros en su campo y uso. Museo, porque significó la primera instalación en poner en marcha una tecnología puntera en su día para suministrar energía a Ensidesa, además de ir adaptándose a los sucesivos cambios habidos hasta nuestros días. Museo, porque recoge anécdotas, historias y largas jornadas de trabajo de los que por ella pasaron.

Museo, porque, en otros lugares, hermanas de ella, después de su ciclo de vida, albergan exposiciones de artistas renombrados mundialmente y muestran la historia de su entorno. Museo, porque sus autores plasmaron en ella un estilo que la engalana dentro de los edificios con reconocimiento dentro de la arquitectura industrial asturiana.

Éste es el patrimonio de todos, ésta es la riqueza que hay que defender, la que es admirada por profesionales de diversas áreas: historiadores, arquitectos, ingenieros, periodistasÉ Quizá la creatividad de algunos nuble la vista a otros o los haga girarse para no ver lo que tienen ante sus ojos: una pieza única a la que el tiempo le ha dado solera, nobleza, carisma, protagonismoÉ y que algunos quieren hacer desaparecer.

No cometamos los errores pasados con otros edificios condenados a la desaparición y a los cuales se les echa de menos. Si olvidamos los errores, no aprenderemos de ellos, volveremos a caer en ellos. Nos encontramos ante una de esas ocasiones donde aprender de los errores pasados hace aún más sabio al que rectifica, lo enriquece en valores humanos.

Con el indulto a este ejemplar edificio y su posterior acondicionamiento ganamos todos.
El uso del edificio como elemento cultural, social u otro uso supondría una armonización para la zona, acorde con las «buenas nuevas» del Centro Niemeyer -él conjugaría este edificio con su obra en Avilés, realzando el entorno y la margen derecha de la ría- dándole definitivamente la ciudad cara a la ría. Adaptando una de las entradas a la ciudad y al Centro Niemeyer como el mejor cartel de bienvenida para la zona.

La Térmica es un museo a la espera de visitantes, como cartel de bienvenida en una de sus entradas o como edificio de acogida para enseñar lo que un día fue Avilés. Es un patrimonio de los avilesinos, y a nosotros nos corresponde defenderla y disfrutarla, al igual que darla a conocer a parroquianos, forasteros y extranjeros para mostrarles lo que significó en su día, el papel que desempeñó en el Avilés de la Fabricona.

No ha de sumarse a otras estructuras y edificios, que, ya derribados, se borraron de nuestra memoria. De ese modo, tampoco el visitante podrá ya nunca hacerse una idea de la grandeza que tuvieron.

Conservar la Térmica y darle vida es símbolo de creatividad, de respeto a la historia de los que estuvieron, estamos y vendrán.

Derribarla significa ser desagradecidos con los que la crearon, hacernos partícipes de su desaparición y privar a los que vienen de su disfrute.

Con todo ello, querido lector, ten en cuenta que la Térmica de Avilés es un museo y patrimonio de todos. A todos, sin excepciones, por tanto, nos corresponde defenderla y disfrutarla.

Ángel V. Martínez es ingeniero de Minas y vecino de Avilés.