Hay muchos inversores que cuando llega el periodo de vacaciones suelen deshacerse de aquellas posiciones que son más arriesgadas a fin de pasar unos días sin sobresaltos. Pero esto no suele ocurrir hasta el mes de julio. ¿Merecería la pena que este año la prudencia hiciera acto de presencia un par de meses antes? Veamos. En estos días la situación es un tanto preocupante. Por supuesto sin caer en el catastrofismo. El incremento en los precios del crudo parece que terminará acelerando definitivamente la inflación. El presidente del BCE, Jean Claude Trichet, ya ha anunciado una cierta aceleración en las subidas de tipos en la UME, los beneficios empresariales parece que se desaceleran ligeramente y los precios de las acciones llevan tres años y medio con una aceleración creciente. De hecho, el mercado acumula ya un par de meses dando muestras de demasiadas dudas, que ha desencadenado en el susto de las últimas jornadas.
Por lo tanto, el sentido común (que es algo al que todo el mundo apela pero que unas veces por razones intelectuales y otras veces por razones viscerales nadie suele utilizar) nos dice que ha llegado el momento de tomar un descanso. Quizá lo razonable sería adelantar este año algo las decisiones de venta y afrontar el último tramo de la primavera con una mayor liquidez. Si lo hacemos así, probablemente durante el mes de agosto podamos impresionar a nuestro vecino de hamaca transmitiendo por el móvil órdenes de compra desde la playa.
Jorge V. Sanz Barriopedro es consejero delegado de Atlas Capital.

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