Interferencia es un movimiento artístico que reivindicar las intervenciones creativas en los espacios públicos desde una perspectiva multidisciplinar, aunque se fundamenta en las artes escénicas. EN sólo dos años, este colectivo ha despertado un gran interés internacional.

Barcelona era La ciudad de los prodigios en la novela de Eduardo Mendoza. Prodigios que hacían referencia a las transformaciones que vivió la ciudad entre las dos exposiciones universales de 1888 y 1929, que marcarían la arquitectura de la Barcelona actual.Después vinieron los Juegos Olímpicos de 1992 que remodelaron la Barceloneta, dibujaron un nuevo Montjuïc y construyeron la Vila Olímpica. En un momento en el que la ciudad se está extendiendo por la reciente zona Fórum y se proyectan nuevos barrios como el 22@, es inevitable cuestionarse el modelo urbanístico que sigue Barcelona.
En este sentido, el arte puede convertirse en una útil herramienta de reflexión sobre la utilización del espacio público. El movimiento artístico Interferencia -Intervenciones Artísticas en Espacios Públicos- surge para fomentar las acciones artísticas que transformen, cuestionen o repiensen el espacio urbano. A través del teatro, la escultura, las performances, la danza, el circo, instalaciones varias, pinturas y graffitis, este movimiento artístico se adueña de las calles de la ciudad.

Juan Eduardo López, director de Interferencia, explica que «empieza a haber cierta incomodidad sobre la salud de las ciudades». Igual que existen movimientos para reivindicar la salud del medioambiente, el objetivo de Interferencia es abrir un debate en el seno de la ciudadanía mediante el uso de las distintas disciplinas de arte contemporáneo. «Nos aproximamos a un modelo de ciudad parecido a un parque temático, con referencias sólo al ocio; Barcelona está muy cerca de ese concepto», alerta Juan Eduardo.

Actualmente el espacio público está en el centro de un debate candente debido a las prohibiciones del Ayuntamiento, «que hacen que el espacio sea cada vez menos público», asegura Juan Eduardo.Uno de los objetivos del colectivo Interferencia es la creación de un foro permanente de discusión que integre a representantes de todos los ámbitos sociales.

Para Juan Eduardo, la solución es racionalizar: «Queremos que la gente ocupe el espacio público de forma creativa, razonable e imaginativa». Desde Interferencia se entiende la ciudad como un laboratorio en el que se pueden producir acciones artísticas que alteren el espacio público para revitalizar la urbe. El objetivo es sorprender al ciudadano y al paseante ocasional con elementos nuevos en la arquitectura habitual de las calles. Elementos efímeros, porque nacen con fecha de caducidad. Este movimiento artístico proyecta otra ciudad a base de lirismo y metáforas, una ciudad cuya arquitectura es efímera pero con unos cimientos, la imaginación y la creatividad, más que sólidos.

Interferencia se fundó en 2004 en el seno de la Associació Marató de l'Espectacle. Desde entonces se ha dado a conocer y su éxito se empieza a notar. Cada año, en el marco del festival Grec de Barcelona, se realiza la gran muestra de Intervenciones Artísticas en Espacios Públicos. En diez intensos días se concentran las intervenciones de los artistas que invaden la ciudad. El pasado año se recibieron 75 proyectos en la convocatoria abierta para la muestra del Grec, mientras que este año se han superado las 200 solicitudes. Las propuestas de artistas reconocidos y emergentes llegan de todo el mundo. El equipo de Interferencia se muestra gratamente sorpendido ante este interés internacional.

Existen tantas ciudades como habitantes hay en ellas. Por eso, la implicación de la ciudadanía en los proyectos de Interferencia es fundamental. Una de las propuestas para fomentar la participación de los ciudadanos es el documental Huellas. Se trata de incitar a los habitantes a que cuenten una historia sobre un lugar al que asocien un recuerdo especial. La ciudad se construye a partir de las pequeñas historias que viven sus habitantes. «Todos tenemos una historia en algún lugar: el portal en el que dimos el primer beso, la calle donde nos dejaron plantado, el cruce en el que vimos un accidente...», rememora Juan Eduardo con una sonrisa.

El ciudadano se convierte así en protagonista y sus vivencias y recuerdos, en material artístico. La ciudad como escenario de la vida cotidiana encierra millones de relatos que esperan a ser contados. «Lo que intentamos mostrar es que la ciudad está llena de historias íntimas y humanas que las personas han depositado en esos lugares», explica Juan Eduardo. Esta propuesta sirve como reflexión sobre la relación entre la ciudad y el individuo, se busca el vínculo emocional para demostrar que la ciudad puede ser un ente sensible. Existe una Barcelona que no es la del consumo y gasto, sino que es una Barcelona íntima y privada. Esa Barcelona, cuyas calles, esquinas y rincones hacen recordar momentos ya vividos, es la que forma parte de las personas.

La idiosincrasia de cada lugar es la que determina qué interferencias se llevan a cabo en la ciudad, ya que éstas no deben ser aleatorias o gratuitas. «No queremos inventar, sino percibir lo que sucede y a partir de ahí, crear», sostiene Juan Eduardo. «Los eventos inventados no tienen arraigo, porque salen de la cabeza y no de la necesidad», añade. Los artistas de Interferencia serían pues «programadores» que conciben sus obras en función del entorno.

El director del movimiento señala que en la ciudad se producen muchas interferencias de forma natural, sólo hay que entrenar la mirada para descubrirlas. Un ejemplo: frente al Arc de Triomf se han envuelto dos edificios completamente de blanco para unas obras de restauración: «¡Parece una obra de Christo!», exclama Juan Eduardo. Otros ejemplos de tamaño reducido: un traje de muñeca colocado en la placa de una calle, un viejo suéter enganchado con chinchetas en la valla de unas obras... Juan Eduardo confiesa que ahora pasea por Barcelona ávido de encontrar esas interferencias: «Miro la ciudad de otra forma. Sus terrazas, sus huecos, sus solares... Y, a menudo, me sorprenden pequeños detalles». Quizá la ciudad de los prodigios permanezca oculta en esos pequeños detalles.

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Podría suceder aquí
Podría suceder aquí es el título de una singular convocatoria que pretende reflexionar sobre las consecuencias que tendría una catástrofe natural, un ataque terrorista o cualquier otro desastre de gran magnitud si se produjera en Barcelona. ¿Cómo quedaría la ciudad después de sufrir aquellas tragedias que se han producido en otros lugares geográficamente lejanos?

El objetivo es crear, a través de tecnología electrónica y virtual, imágenes de espacios públicos reales de Barcelona transformados en escenarios de cataclismos. Se trata de acercar las desgracias que normalmente ocurren a kilómetros de distancia, aquellas que se ven por televisión a una realidad posible. «A través de la televisión nos estamos acostumbrando muy fácilmente a las imágenes de guerra y de accidentes climáticos. Es una imagen lejana...», explica el director de Interferencia.

Ya no sirve excusarse en la lejanía. La filosofía del proyecto consiste en aproximar a nuestra cómoda realidad la crueldad de desgracias ya ocurridas en otros puntos del globo. La plaza Cataluña devastada por un tsunami, la Pedrera inundada por el huracán Katrina, la Diagonal después de un terremoto como el de Pakistán, el centro de Barcelona tomado por militares como ocurre en Irak...

Tras recibir y ver las primeras imágenes -la convocatoria aún sigue abierta-, Juan Eduardo comenta que los resultados son realmente espectaculares: «Resulta muy impactante porque es un espacio por el que pasas cada día».

El medio virtual ofrece la posibilidad de intervenir y transformar la ciudad sin mover una piedra, pero también permite establecer planteamientos originales e imaginativos.

Cualquier día, y tal vez no tan lejano, estos acontecimientos podrían suceder aquí...