'Nuestras' empresas, de Miren Etxezarreta en El Mundo de Cataluña
En España es habitual recibir inversiones desde el exterior, pero sólo hace pocos años que algunas empresas con sedes centrales aquí empezaron a invertir en el extranjero. No sé si es por la novedad, o porque consideran que es función esencial de los estados defender las inversiones, pero los gobernantes de este país se preocupan mucho por los intereses empresariales. Ante posibles problemas de empresas «españolas» en Latinoamérica -México, Venezuela, Argentina- el Sr. Aznar requirió a los gobiernos de dichos países que se cuidasen bien de no afectar sus intereses.
No le va a la zaga el Sr. Zapatero, por una vez apoyado por el Sr. Rajoy, que ante el anuncio de nacionalización de los recursos naturales de Bolivia, no sólo envió allí a diplomáticos de muy alto nivel, sino que en la reciente Cumbre de Viena entre la UE y América Latina no ha tenido inconveniente en señalar con arrogancia que ha «exigido» al presidente de otro país soberano, que no tome ninguna medida unilateral si esto puede perjudicar a «nuestras» empresas. ¡Qué exquisito respeto a la «no ingerencia» en asuntos de otros países! Defienden a las empresas «españolas».
¿No es ampliar mucho el calificativo «españolas» para describir a unas empresas que, en el mejor de los casos, pertenecen a unos pocos españoles? Algunas de ellas sí lo eran en el pasado, ya que pertenecían al Estado, pero dejaron de serlo al privatizarlas para beneficio de unos accionistas que son sólo una pequeña minoría de ciudadanos. Señores políticos, ¿verdad que las empresas privadas internacionalizadas no son propiedad de los españoles? Son sólo de unos pocos españoles, quienes de ellas se benefician. ¿Por qué este empeño de los gobernantes en estos intereses particulares? ¿Cuánto nos cuesta, en dinero y en tensiones políticas, este tesón? Si se suele justificar el beneficio del inversor por el riesgo que corre el capital invertido, ¿cómo es que los gobiernos acuden prestos a evitar estos riesgos, sin dudar en implicarse en asuntos privados?
Si estos riesgos llevan a la participación del Estado, ¿en qué se participa en los beneficios que se obtienen? Los impuestos que estas empresas pagan, ¿justifican semejante empeño?, ¿repercuten sus beneficios en el bienestar de los españoles que pagan con sus impuestos estas gestiones? ¿cuántos puestos de trabajo crean aquí estas empresas? Muchas de ellas ni siquiera son «españolas».¿No hay participación extranjera en el capital de Repsol, Telefónica, BBVA, y otras, por no mencionar a Aguas de Barcelona (filial de la francesa Suez)? Impresiona la diligencia de nuestros gobiernos -conservadores y progresistas- por estos intereses «nacionales».Estas empresas, además, hacen poco favor a la imagen de España en el mundo (con la excepción de los ámbitos financieros). También en Viena se ha celebrado la Contracumbre, Enlazando Alternativas 2 a la que han acudido con su propio esfuerzo personal y económico alrededor de 500 personas de los diversos países de América latina, representando a innumerables colectivos y grupos que trabajan en sus países luchando contra los desastres humanos, económicos y ecológicos que dichas empresas están causando. Les aseguro que daba mucha vergüenza escuchar casos de terribles atentados a la humanidad, económicos, laborales, ambientales, que estas empresas están realizando en América Latina[1]. Y una no puede menos de preguntarse, ¿son estos los intereses «españoles» que nuestros gobernantes defienden?
[1] Curiosamente, en las sesiones de esta reunión, no hubo ningún periodista español de medios de importancia estatal o regional, sólo los modestos «contramedios» le han prestado alguna atención, mientras los primeros informaron sobre la visita de los presidentes Chaves y Morales a la misma.
