Dicen que su incorporación no se producirá hasta el 1 de julio, ergo hasta el lunes 3 de julio, pero su regreso ha merecido ya honores estelares en la prensa madrileña, toda una página en el diario El Mundo del pasado domingo dedicada al regreso del ‘superjuez’, que aterrizará, si los dioses no lo remedian, en el juzgado número 5 de la Audiencia Nacional. ¡Éramos pocos y parió la abuela!
Porque lo mejor –o lo peor, según se mire- que se puede decir del personaje es que nadie le ha echado de menos durante los 14 meses que ha permanecido fuera. Es más, se diría que la Audiencia Nacional ha recuperado en este tiempo la tranquilidad y serenidad, incluso el prestigio, que se debe suponer en una institución dedicada a la alta misión de impartir justicia en temas de tanta importancia como el terrorismo o los macrodelitos económicos.
Digo más, durante ese año largo, no pocos jueces de la Audiencia han dictado sentencias en casos de gran relevancia política y/o social, sentencias que han permitido recuperar a no pocos españoles su esperanza, tan castigada ella, en la Justicia española, y todos esos casos y todas esas sentencias se han visto y se han firmado sin necesidad de que ningún juez estrella se luciera ante los focos como un pavo real ansioso de protagonismo.
El más reciente caso tiene que ver con las estafas de Afinsa y Fórum Filatélico. El juez Grande-Marlaska ordenó el sábado la detención de Francisco Briones, presidente de Fórum, y de otros tres peces gordos de la empresa, prisión incondicional sin fianza, y un día antes el también juez Pedraz había negado igualmente la libertad bajo fianza a cinco capos de Afinsa. Pues bien, ninguno de los dos ha aparecido en televisión montando el número, ninguno ha dicho esta boca es mía, ninguno a intentado lucirse ni, lo que es peor, tratado de instrumentalizar la desgracia ajena en beneficio del ego propio.
Pero aquí llega Garzón, y María Eugenia Yagüe, la autora de la entrevista, nos lo presenta casi frotándose las manos pensando en el regreso: “De eso [Afinsa y Fórum] me tocará hacerme cargo cuando vuelva. Es mi juzgado”. Ahí es nada, cerca de 350.000 afectados por la estafa de los sellos, terreno más que abonado al populismo de nuestro sin par Juez Campeador, otra vez la bulla, otra vez el ruido mediático, otra vez los focos persiguiendo al juez estrella. ¡Con él llega el escándalo!
Y no parece que al superjuez le hayan ido muy bien las cosas en Nueva York; no parece que haya encontrado acomodo en ninguno de esos empleos de postín, tribunales internacionales de Justicia y por ahí, a los que en su megalomanía se piensa acreedor, “reservado el derecho de admisión”, y tampoco parece que se hayan concretado esos rumores que le suponían, en una más de sus espectaculares piruetas políticas, en la órbita del PP de Mariano Rajoy.
A más a más, no hay noticia de que la ciudad de los rascacielos se haya rendido a sus encantos, no parece que la alta sociedad neoyorquina haya caído en embelesado desmayo ante el arrojo de singular Campeador hispano. Le pregunta la periodista cómo lleva vivir al modo de un ciudadano anónimo y la respuesta del audaz Garzón no tiene desperdicio: “Al principio miraba por las esquinas a ver qué sucedía”, se confiesa, y lo que sucedió, diantre, es que nadie parecía conocer a nuestro héroe en la Quinta Avenida, nadie le pedía autógrafos por las esquinas, ¿alguien ha visto injusticia semejante? De modo que vuelta a casa con el rabo entre las piernas, a recuperar autoestima en un juzgado de la Audiencia.
Y a esperar la memoria del trabajo realizado durante esos meses, porque la Ley Orgánica del Poder Judicial exige que los funcionarios a quienes se conceda un año sabático como el solicitado por Garzón realicen una memoria justificativa de la licencia concedida. Y a esperar también la renovación, el próximo mes de noviembre, del Consejo General del Poder Judicial, que es el verdadero objetivo, dicen las malas lenguas, de nuestro inmarcesible juez. Pero que nadie se alarme. De momento, Garzón vuelve a la Audiencia Nacional. Se acabó el aburrimiento.

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