Los amos del petróleo y el gas latinoamericano aparecen como una nueva casta en el desván de los mercados internacionales. Sus ansias de incorporación al tiempo real de las influencias se producen en las salas de prensa de las convenciones, como ahora en Viena, con Evo Morales. El primero que llegó y, sin entrevistarse con nadie, hizo su entrada a pecho descubierto frente a los ávidos medios de comunicación.
Todo lo que dijo el primer día públicamente tuvo luego que matizarlo en conversaciones privadas con primeros ministros y empresarios. Pero qué importa, el impacto es lo que vale. La foto de Evo Morales en la portada de Financial Times lo dice todo de él sobre un pié que habla de su negativa a indemnizar a las petroleras, a las que previamente había puesto de chupa domine.
No han pagado impuestos, han hecho de su capa un sayo y poco más que tienen que pedir perdón por haber acudido a Bolivia vino a decir.
Ni las petroleras son madres franciscanas ni los diversos gobernantes bolivianos de los últimos años, digamos décadas, han sido capaces de sacar a su pueblo de la pobreza. El sueño de la explotación de sus propios recursos es una demagogia barata que tiene fundamento en los delirios de grandeza de él y de su alter ego Chávez, aderezados por la larga mano de Castro.
Que un dictador influya sobre los dirigentes de dos democracias tan jóvenes e inexpertas, sin una sociedad civil fuerte, con las oligarquías sentadas sobre sus reales, con los pobres encabezando los porcentajes de todo, va camino de convertirse en una pesadilla para los sufridos pueblos.
Morales y Chávez están creando en sus países una especie de territorio comanche para la inversión extranjera. De ese modo sólo pueden cavar su propia tumba. Lo peor es que sus ciudadanos no tienen la culpa de sus desmanes ideológicos por muchas promesas electorales cumplidas.
Zapatero ha recibido otro nuevo bebedizo en la capital austriaca. Cada vez que sus supuestos amigos hablan sube el pan y él queda retratado en su propia sonrisa de Gioconda.
Nada es lo que parecía sobre todo cuando se usan argumentos de hace 500 años, trasnochados, propios de un programa de televisión con un presentador histriónico más que de un presidente de un país que debe llevar a su pueblo hacia el progreso o por lo menos intentarlo.
Los mensajes de Evo, de Chávez e incluso últimamente de Kichrner provocan sobresaltos en las multinacionales que temen por sus inversiones y dejan helados a sus millones de accionistas que han confiando en lo que hace sólo unos años era un mundo diferente, ni mejor ni peor, distinto.
La imagen de la activista maciza en la cumbre y la sonrisa paralela de Kichrner, que ha encabezado manifestaciones contra las papeleras, Ence en concreto, hablan de un nuevo tipo de propaganda.
“El riesgo país se ha multiplicado exponencialmente en los últimos seis meses en Latinoamérica. Aquello se está estropeando”, dice el presidente de un importante grupo empresarial español con intereses en la zona desde hace varias décadas.
Y no sólo para las petroleras cuyos presidentes sueñan con las nacionalizaciones, con las insinuaciones de los mandatarios gubernamentales, que no dan puntada sin hilo y prefieren a sus empresarios que a los españoles o los ingleses.
También las telecos, los bancos, las constructoras observan de reojo un panorama que al menos en Chile, Brasil y México- estos últimos los mayores mercados- ofrece expectativas. Pero empieza a dar canguelo invertir al otro lado del Atlántico. Justo cuando parecía que todo iba a mejor se tuerce por intrincados caminos de incertidumbres multiformes.
Las oligarquías empresariales latinoamericanas se rearman y vuelven a aparecer grupos que habían dormido el sueño de los justos- esperando gobiernos como los actuales- mientras que las empresas españolas invertían en los últimos quince años más de 320.000 millones de euros. Y siguen allí. Sólo unos cuantos han tirado la toalla agobiados por la intervención que ahora empieza a sufrir el resto.
Putin corta la espita cuando le viene en gana o sube el precio del gas a su antojo, Irán amenaza en su confrontación constante con EEUU y viceversa, en Nigeria las mafias mandan a cientos de cadáveres vivientes a pinchar los oleoductos, Irak sigue sumergida en la penumbra, la OPEP en pleno es un cártel de gobernantes enriquecidos y en cuyos países la pobreza, con excepciones contadas, inunda las calles.
Ahora se suman al concierto hombres como Evo Morales, con el cabecilla Chávez en ambos lados, intentando mover la manija del mundo mientras que los mercados internacionales empiezan a estornudar. Y falta Humala.
El petróleo se mezcla con el precio del oro, otros metales, otras materias primas, suben los tipos de interés a corto en todo el mundo- veremos el efecto en Latinoamérica y el sudeste asiático- sube la rentabilidad de la deuda y la burbuja de las sobrevaloraciones.
Y encima una nueva casta de gobernantes emerge como elefante en cacharrería, como los pájaros que cantan en la noche y nos impiden conciliar el sueño.

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